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UN POCO DE TODO No hay mal que cien años dure, Conforme reza el adagio, y al fin se cansó el Gobi. erno, Y las Cortes se cerraron, Y fueron manumitidos Los señores Diputados. En estos últimos días Daba compasión mirarlos; Sudaban la gota fi; orda (Por calor, no por trabajo) Y andaban por los pasillos Poco menos que Asfixiados, Desabrochado el chaleco Y dándose abanicazos. -Voy á gastarme en horchata (Decía un joven muy guapo) El importe de los sellos Que me envían de resalo. -Pues yo ya no puedo más (Añadía otro que es alto) O me permiten venir Solo en calzonoilloíí blancos, Con camiseta y babuchas, ü merebelo y me marcho. P e r o por Dios, don Antonio (Exclamaban unos cuantos) La, vida así es imposible; Kosotros nos abrasamos; Por lo menos, que nos traigan Para cada uno un baño, Y hasta que haya votación, Diremos: ¡Al agua, patos! Que toquen la campanilla Cuando sea necesario, Y acudimos á votar Con sábana y taparrabos. ¡Nada! ¡nada! no tranzijo (Gritaba el Monstruo indignado) O me votan laz tarifaz, O de aquí no zale un gato, Manque como Zan Lorenzo Jechoz un bisté muramoz. Mas vino con la rebaja, Como se dice, el tío Paco, Y por esta vez la soga Quebró por lo más delgado. Ya van por esos caftiinos Como alma que lleva el diablo, Y huyendo de esta, sartén. Los señores Diputados. ¿Y las tarifas? ¡Paciencia! ¡Ya se aprobarán otro añol o Ahora se ha presentado en París un sujeto que se compromete 4 hacer un viaje, á patita desde la redacción de El Fígaro á San Petersburgo, y regreso. ¡Bueno, vaya con Dios y buen viaje! Pero ¿qué nos querrán demostrar con eso los franceses? Porque no parece sino que acaban de descubrir el andar á pie. Señores, ¡que eso es anterior á Adán! sombrerería haciendo que cada mes estrenen sus administrados sombrero nuevo? Ello es que ha metido en la cárcel al representante de una compañía italiana por no saludar sombrero en niano al alcalde. Es lo que dirá el italiano: ¡Corpo di Baco! (JRsXO lo dicen siempre) ¿Si me habré equivocado de camino y estaré en el Japón en vez de estar en Sevilla? Vea usted lo que son las cosas. Con tantas cosas como se le han ocurrido á nuestro Gobierno para pedir el aumento de tarifas de los ferrocarriles, no se le ha ocurrido el argumento más fuerte. La creciente moda de andar á pie. Porque si la moda prospera, y la gente da en hacer los viajes de esa manera, ¿me quieren ustedes decir para qué sirven los ferrocarriles? Y ¡vaya usted á saber! quizás venga después la moda de transportar á hombros los baúles, y los muebles, y toda clase de fardos. Y la competencia (en que juro á Dios no entraré) entre quién lleva más peso á cuestas. En fin, que á la humanidad no se la, entiende. Cuando parece que hemos llegado al mayor grado posible de cultura, vuelve uno la cabeza y se encuentra al hombre pretendiendo copiar á nuestros primeros padres. En Sevilla un sujeto De los más finos Ha apostado á conáerse Doce pepinos. ¿Y qué ha pasado? Que ha ganado la apuesta. Y ha reventado. Y dicen que al morirse- ¡Pobre! -decía: ¡Ello es que me he salido Yo con la mía Y he dado elopio! ¡Lo primero es el triunfo Del amor propio! ¡Ya no cabe más! Los expendedores de pan han pedido al Ministro de la Gobernación que obligue á los tahoneros á elaborar el pan con el peso debido. Supongo que habrá- contestado el Ministro: ¡No sean ustedes iaocentes! Si lo que nos proponemos es que poco á poco se pierda la costumbre de comer eso. Fíjense ustedes en que la situación del pais es la siguiente: Pan para hoy y hambre para mañana. ¡Pensemos en el líiañana! Á cada alcalde le da la manía por cosa distinta. ¿Por qué dirán ustedes que le ha dado al de Sevilla? Pues porque los deniás se quiten el sombrero cuando le vean. ¿Si querrá proteger la industria de la ANBE 48 C O B Z U K L O