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474 BLANCO Y NEGRO ¡Enganchado y volteado! Si el miedo á la tempestad no hubiera hecho huir á los revisteros, algo más podrían haber añadido. El toro enganchó al desgraciado Fatigas por la tetilla izquierda, y al voltearlo, el asta le destrozó el corazón. puesta, se lanza á la calle sin reparar siquiera en sus hijos que acaban de llegar, y se empeñan en ir al cuarto de papá para quitarle las ropas de plata. Los vendedores TOcean la Revista de toros con la cogida de (del segundo espada) á los pocos momentos se encuentra en el Prado; en seguida en la carretera de Aragón, que está solitaria, obscura, llena de fango y de ese olor acre y penetrante que deja la tempestad por donde pasa. Algunos faroles se han apagado por la violencia del aire, y eñtf e los torbellinos de hojas que aquél levanta, aun viene volando, y se enreda un instante entre los flecos del pañolón de Consuelo, un trocito de papel amarillo, último resto del cartel de la corrida de aquella tarde, que estuvo exhibiéndose en la valla de un gran solar. Los árboles se agitan con violencia y tienen miraje de espectros. Las últimas nubes negras ruedan por el horiísonte, iluminado á medias por la luna. Piróxima ya á la Plaza, ve venir á lo lejos un triste cortejo. Varios dependientes de la límpresa conducen á hombros la camilla verde cubierta con tolao de hule. Dos ó tres curiosos vienen conversando con un carpintero que trae un gran lio de ropas, por entre cuyos atadijos asoman unos alamares de plata. ¡Pobre Pepe! -dice uno de aquellos hombres. Consuelo da un grito y no puede ver más. Los periódicos taurinos de la noche hablaban de la corrida dedicando más de media galerada á los detalles del achuchón sufrido en el cuarto toro por el segundo espada, j Que riqueza de datos para hacer la historia de un levísimo porrazol Más abajo, el tratar del último toro, deoian con laconismo despiadado: Tocan á banderillas. La tarde está imponente. La lluvia, los truenos y los relámpagos dan á la lidia un aspecto singular. 1 banderillero Fatigas resbala en un charco al clavar su último par, siendo enganchado y volteado. No es posible permanecer más tiempo á la intemperie, y nos retiramos de la Plaza, contando con la benevolencia del lector. Ya han enterrado á Pepe Eodriguez, y el segundo espada, que tan grande susto dio á los que presenciaron la corrida, ha salido por la tarde para Alicante, donde torea mañana. Hoy estaba la casa de Consuelo tal como ella la dejó. Las velas del altar han ardido hasta el fin, ahumándolos candelabros, que aparecen rodeados de grandes Z r íasdecera; el canario no canta porque no tiene comida; el balcón sigue abierto; los niños están en la portería, donde los han recogido; el piano del principal, ajeno á tantas desdichas, suena con fuerza tocando las Alegrías y Penas, los valses voluptuosos de Waltenffel, y en los portales, la gente del barrio comenta á su manera la catástrofe. E N R I Q U E SE PUL VE DA. C U E N T O S B A T U R R O S POR GASCÓN c -Vamos- -le decian á un baturro que veía el mar por primera vez -esto ya es mejor que el Ebro. -Hombre como ancho. á aaotio le gana; pero lo que es ¿largo tTn baturro tomó en Zaragoza el tren hasta Casetas. Al llegar dijo apeándose con muy mal humor: yo bnbiera sabido qne se llegaba tan pronto, hubiera venido á pie.