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BLANCO Y NEGRO 471 que ahora quiero saber ¡Viva la papeleta 15! Ya soy cadete: cuidado con dejarme caer al suelo ¿ehl á lo que llega en la milicia un hijo de Calatayud más templadiéo que el cero Entrando en el soberbio patio del Alcázar, la decoración aumenta en tonos, ensancha su espacio y ofrece variedad de reflejos y cambiantes. Allí el cadete que salió á oficial, conversa con un grupo de aspirantes y canta regocijado y ufano las peripecias de la vida escolar, tan cuajada de zozobras, de durezas, de satisfacción En otro lado corren á saber el resultado de sus chicos papas, preparadores y aficionados: quién contempla orgulloso la arrogante figura del gloriosísimo Carlos V, el Emperador, y al mirarse las estrellas doradas y blancas de su novísima guerrera, alza la mirada con altivez y aun se siente con bríos para pisotear cien mil morazos y entrar vencedor en Fez ó quedar muerto entre las breñas del Atlas Y para que haya de todo en aquel hervidero de ilusiones, nunca falta algún rollizote aspirante que, luego de pasar dos horas de tormento en la pizarra, y de recibir un suspenso como un balijarte, sale al patio y reduce sus pasadas energías, los sueños de grandeza, de poderío, de brillo j de caudillaje que- ahíes alimentara á sendos la lagrimones que ruedan por la cara del resignado papá, hasta dar en la faltriquera del flamante chaleco de piqué. Ha bajado D. Juan de Morón por el vetusto Arco de la Sangre: su garbo se acrecienta con el crujir y chacoloteo del colgante sable. Deja á su derecha la posada del Sevillano, mira con displicencia la hermosa inscripción que Martín Gamero puso en honor de Cervantes, y chupa majestuosamente el tabaco que sujeta entre los dedos. ¡Qué se le da á él de la Ilustre fregonal ¿No es ya oficial dé la valerosa? ¿No salen los obispos de los hombres? El mozo camina con más bizarría que cualquier capitán de los viejos tercios castellanos. Que no le vayan á él con andróminas ni tibiezas; él sabe cómo se toma á Gibraltar y cómo se conquista á Marruecos; sencillamente una cuestión estratégica; él piensa que la cosa es tan fácil como puede serlo el apoderarse de las mil y una muchachas que en el pueblo han de enflaquecer al verle tan apuesto y rozagante, y, por último, él, tan galán y brioso, al pasar por frente á los infelices aspirantes, que, alicaídos por el peso de las calabazas cosecha- das en el Alcázar, le observan con amargo embelesamiento, estira los brazos, muestra los galones y estrellas, y en su semblante, en la acción y en la provocativa mirada que les lanza, parece decirles al son metálico de su sable: Eaza inferior, aun tenéis que apretar mucho para ser lo que yo soy! JOSÉ I B A N E Z MARÍN.