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UN POCO D; E TODO ¡üf, qué calor! Jfisto se va haciendo más insoportable que el maudo de los gobernadores. El calor parece un militar protegido. No hace más que subir grados y más grados. ¿No podían de una vez darle el tercer entorchado y enviarle á casa? ¡Qué envidia nos dan á Ips redactores del BLANCO Y NKGRO nuestros veoinosl ¿Agitación? ¿Lo han mirado, ustedes bien? ¿Es agitación ó es el estertor? Porque no es lo mismo el cancán que el baile de San Vito. ¡Y se parecen! ¡Ya lo creo! Mi casa ha sido estos días una. casa de locos. No han hecho más que bajar por las escaleras baúles, inaletas, sacOs de mano, vecinos alegres, chicos alborotad js, diciendo ¡adiós! á los que quedaban. ¡Todos se lian ido! Al cabo nos hemos quedado solos mi portera y yo. V ¡oh desdicha! mi portera me mira con ojos compasivos. Ayer me decía: -Ya, para los que hemos quedado en la casa, no hay que guardar etiquetas. Desde hoy no barreré. ¡Cómo usted quiera! Y si quiere usted cerrar la puerta de la calle y marcharse, puede hacerlo. ¡Qué mala cosa es ser pobre! ¿Por qué? ¡Porque si usted y y o tuviéramos cuatro cuartos, ya no estaríamos aquí! ¡Gran Dios! Sujeto aquí por el trabajo, medio ahogado de calor y compadecido por la portera. Vamos á ver, ¿qué soy yo, comparado con el perro de Cánovas? El príncipe de Bismarck se ha pesado en una báscula como si fuera un baúl cualquiera. Yo no sé á qué considei aciones filosóficas pueden conducir estos datos ponderales; pero rogando á ustedes que no hagan mal u o de la noticia, les diré que el gran üanoiller pesa ¿Uñ libras, y que desde 1879 ticá ha perdido 41 Jibras. ¿Dónde habrán ido á parar esas 41 libras? Nosotros tenemos ¿n ese particular más suerte. Nuestros hombres pol íticos pesan más. Vamos á ver: ¿Cuánto dirán ustedes que, pesa Bosch y Fustegueras? ¡A ojo! Dicen que van á suprimir los puestos de agua del paseo de líecoletos porque ocurren en ellos escenas inmorales. ¡Ya vamos, yaÍ Entonces, ¿por eso venía el otro día roja el agua del Lozoj- a? Pues yo seguiré bebiendo en secreto la de la fuente del Berro. Ya habrán ustedes pido decir que viene el cólera. ¡No hagan ustedes caso! Esas son voces que hacen correr los co u bradores de contribuciones. ¡A otra cosa! Fíjense ustedes en. que de cuando en El Sr. Sil veía da cada susto á sus correComo cualquiera tiempo pasado fué cuando ocurro lo misino. ligionarios mejor, los ministeriales echan de menos- ¡Que viene el cólera! -gritan los g o ¿Pues no ha pedido ahora que se haga la huelga de telegratistas. bieraos. política ñf- austeridad? Entonces vivían como viven los sordos Y mientras ustedes se entregan á la hiSe quedará solo en la. defensa de ese á cuyos oídos no llegan las malas noticias. giene, los ministros de Haciéndanos sacan tema. Hoy que los aparatos telegráficos han- ¡Política austeridad! ¡ni que fué- los cuartos del bolsillo. vuelto á hablar, los conservadores tienen ramos anacoretas! -dicen los chicos de la el alma en un hilo es decir, en varios mayoría. hiloe. Verdaderamente. Eso es lo mismo que No suena la campanilla sino para anunEs una lástima que ciertas industrias se convidarle á uno á com r, y al sentarse á ciar una desdicha. persigan. la mesa dooiHe: ¡Ya sabrá usted qiie hay- Drin- drin drin- drin! ¿Quién que hacer colación! En Barcelona se había fundado una llama? ¡Lorca! ¿Qué h a y? -U n motín Agencia que por poco dinero daba papeley una pedrada en ojo de alcalde. ¡Por tas de examen con las notas favorables vida de, que cada estudiante quería. ¡No hago sino leer noticias en la prensa- ¡Drin- drin ¿Qué ocurre? ¡Qué Allí no había más que ir, pedir, pagar y; hay motín en Almería! ¡Dios nos so- acerca de las idas y venadas de los represalir bailando á la calle con cada sobresasentantes de la industria con- hotaponera! corra! liente como un ÍÍO Y ando escamado con tanto eer las tales Y lo mismo dicen de Noy a, Cuyas, LuPues á esa Agencia la han suprimido. noticias. brin, Calatayud, Pinos Puente, DaifonSeñor, es una injusticia. tes... ¿En qué forma me interesa á mi eso? Muchas gentes hay por ahí que, llevan En fin, no tienen ustedes más que abrir alfileres y sórújas. con brillantes falsos. por cualquier parte el Nomenclátor, y ¿Por qué no secuestran esas fingidas joyas? donde pongan el dedo... ¡allí hay motín! Corre ol rumor i que sé prepara uña AjíDaís COBZÜBLO. agitación carlista