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I á CÍár ¿elá Es una de las principales notas andaluzas, viniendo á ser algo así como calado velo de hierro, tras el cual se adivina, antes que se mira, el patio andaluz lleno de flores, ora agreste, desigual, formado su pavimento por menudas piedrecillas como los de Córdoba y Granada, ya culto, uniforme, rico, todo de mármol, como los de Sevilla. La cancela es el valladar puesto á los hombres para no poder entrar tan fácilmente en el paraíso, que no otra cosa es el patio andaluz, muy especialmente al llegar la primavera, en las serenas y hermosas nociies del estío después del calor sofocante del día, cuando se ha plegado la vela ó toldo, en cuyas tirantes cuerdas se paran á dormir las obscuras golondrinas. Do día, si os invierno, la cancela deja verlas paredes del palio huérfanas del blanco jazmín que las perfuma y engalana, y los tiestos vacíos, que esper a n impacientes, la llegada de la primavera para mostrarse llenos de flores; si es verano, las obscuridades que produce el toldo, batiéndose con el sol ardiente allá arriba, mientras la fuente nos brinda con las frescuras del a g u a que cae lentamente en son monótono y acompasado, que incita al sueño. Ütras veces la cancela viene á producirnos el efecto de un caleidoscopio que hace destilar ante nuestros ojos cuadros vanados llenos de luz y poesía, y mujeres hermosas, como andaluzas, que miramos en noche estivales, detrás de la cancela, reclinadas, con indolencia meridional, en cómoda mecedora, cuyos vaivenes tienen alguna semejanza con el corazón de la mujer. ¿Quién no detiene el paso á la vista de tanto hechizo, y deja de ehibelesarse ante el tipo de la mujer andaluza, que lleva fuego en el corazón y en los ojos? Es preciso contemplarla como decimos, envuelta en vaporosa bata, que deja adivinar las deliciosas curvas de sus: formas, así, abandonada negligentemente en la mecedora, teniendo por compañera á la guitarra, que en sus manos parece un corazón que siente y expresa, por manera melancólica, sus pesares y sus alegrías. La cancela os tan característica en Andalucía, que sin ella no se concibe el patio, ni la poesía que éste encierra, ni ninguna de esas cosas 4 que da ocasión el hierro labrado que bien pudiera llamarse pórtico de la gloria. JíUa comparte con la reja los diálogos de amor que se entablan todas las noches, cuando las estrellas surgen en el cielo, y los jazmines se abren al par quo los corazones El insigne Ángel de Saavedra cantó la cancela en inspirados versos, leveladores de su cariño y entusiasmo por el cancel misterioso, moruno en su origen, que es salvaguardia y ornamento de la- casa andaluza; ¿Cómo había de ser extraño el poeta á los encantos de la cancela? Lila nos habla siempre de aquello que, por ser común á todos, recordamos y sentimos de igual manera, bien que con mayor ó menor intensidad en unos ó en otros. El amor, el arte, la belleza, la amistad, todo ello ha pasado por la cancela, como rayo de sol que nos alegra y nos hace soñar con la dicha; ¡hermoso tamiz, por el cual suelen pasar también las ilusiones más gratas y los sueños color de rosal Mientras guarde Sevilla una cancela Y haya una flor en la ciudad moruna, como ha dicho el poeta, es indudable que vivirá esa hermosa poesía que nos hace soñar despiertos, bendiciendo el el amor, que busca uno de sus mejores confidentes en la reja andaluza y en la cancela. JcLio V A L D E L 0 3 I A R Y FABEEGÜES.