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w JSn cuanto llegan los días De la hermosa primavera, Y huyen las nubes del cielo Y ios fríos de la tierra, Y Febo templa los aires Que el valle y el monte orean, Tapizándose los campos Con verde y menuda hierba, Empero con alegría Que llegue el día de fiesta, Para ofrecer A mi espíritu La distracción que desea. Dejo la cama temprano, Y en tanto que mi morena, Cuidadosa y diligente, El modesto liogar asea, Yo me afeito, y me remozo Lavándome en agua fresca, Y mi camigita limpia Me pongo y mi ropa nueva. íili mujercita, á quien quiero Con- vida y con alma enteras, Se acicala y atavía, Haciendo del pelo trenzas Y ondas brillantes, que adornan Su frente blanca y serena. Da gozo verla vestida f! aí- DEflES Con su falditá modesta, El delantal de zaraza. La blanca y ceñida media. El zapato descotado, Y el pañuelo á Ja cabeza ¡Para mí no hay en el mundo Otra diosa ni otra reinal Al dar las doce, dispone. Dentro de una limpia cesta, Nuestra sencilla comida, Por sus propias manos hecha, Y ella con su cesta al brazo, Yo con mi puro que humea, Á Madrid abandonamos, Y por apartada senda Gozosos nos dirigimos Á la Fuente de la Teja. Allí buscamos, al pie Dé corpulenta morera, Plácida sombra, y asiento En verde y mullida hierba. ¡Fuera el pañuelo! -la digo. ¡Luce tu cintura estrecha! Y yo cuelgo en una rama Mi sombrero y mi chaqueta. Extendemos en el suelo