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454 BLANCO Y N E G R O poco, una linea, sólo una linea, cada vez que oían gritar al maestro: ¡Halal ¡Halal Y Venturilla clavaba al mismo tiempo fuertes cuñas de hierro en la honda grieta que se abría en el basamento del arco, al recobrar su nivel aquella pesada mole de piedra. El triunfo do Venturilla fué completo: sesenta crueles inviernos, inviernos burgaleses, han pasado desde entonces. sobre el arco de Fernán- Grónzález, y el arco está en pie, más erguido que cuando le construyeron los arquitectos de Felipe I I Y creo, ingrata Burgos, que no has grabado todavía en una piedra el nombre y la hazaña del modesto Venturilla. levantó el cnicero y la capilla de Santiago; de aquel Uiego de Siloe, que hizo la escalera 3 ¡oi- ada de la puerta Alta, y labró el mausoleo del pre adp, Ácuña, padre del fartípso obispo comunero D. Antonio. ¡Protesto! -repitió impávido Veáturilla. -Si derribáis el arco, no le reconstruiréis y- yú me comprometo á enderezarle sin echar- abajo una sola de sus piedras: dadme dos tornos, cuatro oleas, cien varas de maroma y veinte operarios, y- ¡juro á JJios ppx estas cruces- -añadió, juntando las manos y besando los pulgar e s q u e el arco no se hundirá! ¿Conocía acaso VenturilJa la historia del obelisco de Calígiila (levantado en la plaza de San Pedro de Kuma? Poblé contiraj- spncílla- apostaría yo, seguro de ganar, á que el honrado ftlarife no conocía siquiera los nombres de Sixto V y Doinpnico, Fontana; pero recordad que en aquella historia figura también un pobre hombre, el plebeyo Bresca, que se atrevió á enmendar la plana al famoso arquitecto, y á inflingir las órdenes del Papa, gritando en un momento critico: á MU á las cuerctasl El hecho es que la proposición de Venturillafué aceptada por el Concejo, y á los quince días el arco de Fernán- González estaba ceñido con gruesas maromas que pasaban por Jas ranuras de cuatro enormes poleas y se arrollaban á dos tornos colocados á flor de tierra en el lado opuesto á ia inclinación del monumento ruinoso. Todo Burgos acudió á presenciar el extraordinario suceso, y un canónigo de la catedral, D. Bernardo Hernández, bendijo la obra. ¡Halal- -gritaba e! animoso Venturilla á. sus operarios. Y éstos, apretando los tomos que giraban lentamente, y rechinaban, y crujían, enderezaban el arco poco á ¡Lo que va de ayer á hoy! El Papa Sixto V donó 6.000 escudos de oro y una pensión vitalicia de 2 U. O0O al arquitecto Fontana, y concedió e; privilegio de las palmas, á perpetuidad, al plebeyo Bresca; y el Concejo de Burgos pagó á Venturilla con cuarenta duros, y con eltítulo de maestro de obras de la ciudad. Pero el Ayuntamiento de Zaragoza dará 60.000 pesetas (algunas más, según se dice) por echar abajo la Torre Inclinada Boma conserva el obelisco, y Burgos el arco; pero Zaragoza se quedará sin las pesetas y sin la Torre. ¿Ko hay algún Venturilla zaragozano? E 0 SEEIO MARTÍNEZ D E VELASCO. Junio, 1892. -Diga V. gaardia, ¿dónde vive el ingeniero agrónomo? ¿Para qué quiere V. saberlo? -Para que nos quite la filoxera que tenemos encima.