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BLANCO Y NEGRO M -Un cuarto espacioso. -Venga usted conmigo. El joven de Albacete se aseó en un abrir y cerrar de ojos, y dos horas después había recorrido y tiendas de la ciudad condal. ¡Por fin! -dijo lleno de júbilo, estrechando contra su seno las delicadas medias color salmón con listas azules. Y salió de la tienda loco de alegría. V Siró llegó á la fonda y encargó al mozo que le despertara á las siete; después se quitó la peluca, colocándola cuidadosamente en uno de los boliches del catre, y se quedó dormido como un serafín. Eran las ocho menos cuarto cuando el joven de Albacete abrió los ojos, ¿í- ¡Las ocho menos cuarto! -dijo al ver el reloj. -El tren sale á las ocho ¡Mozo, mozo! Nadie llegaba. Siró saltó del lecho y comenzó á buscar su peluca por todas partes. La peluca no parecía. -Mozo- -gritó de nuevo. ¿Llamaba usted? -preguntó el aludido. -A mí me falta un objeto importante. ¿Un objeto? ¿Ve usted esto? -dijo Siró mostrando su cabeza, que parecía una bola de billar. -S í señor. La tiene usted pelada. -Eso no le importa á usted ni á nadie. ¿Dónde están mis cabellos? Yo los he dejado sobre este boliche. -Pues yo no me los he comido. El joven, por toda contestación, se ató un pañuelo á la cabezaí púsose encima el sombrero y echó á correr. Pero al poner el pie en la estación del ferrocarril, el tren comenzaba á alejarse. ¡Maldición! -gritó Siró, dejando caer el saco de noche sobre el pie de una señora, que comenzó á chillar desesperadamente. ¡Mamarracho! -se oyó decir en aquel momento. Aquella frase depresiva brotaba de los labios del inglés, que, asomado á la ventanilla de un coche de primera, miraba á Siró desdeñosamente. El enamorado joven creyó morir de indignación; pero se repuso al evocar el recuerdo de su Clara. Cuando regresó á la fonda, mustio y cariacontecido, el camarero le entregó una carta. Siró rompió el sobre y con ojos asombrados leyó lo siguiente: Caballero: No quiero volverme á Madrid sin decir á usted adiós. í M e llevo las medias color salmón con listas azules, y la peluca de usted, que entregaré á Clara como recuerdo. Cómprese usted un gorro turco para andar por casa. -Mister Wolf. TD Lüís TABOADA.