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BLANCO Y NEGRO 443 En aquel momento oyóse en el comedor una sonora carcajada. Siró volvió la cabeza, y vio al caballero rubio que le miraba atentamente. Quién es ese hombre? -volvió á preguntar Siró al camarero. -Míster Wolf: un millonario inglés, que no tiene nada que hacer en ninguna parte- -contestó el sirviente. II Era Clara la mujer más caprichosa de la tierra. Educada en la abundancia y el lujo, habia contraído matrimonio con un viejo rico que satisfacía todos sus antojos, y que una tarde fué y se murió, después de decirla: -Mira, Clarita, esto se ha acabado. Toda mi fortuna es para ti; cásate, si quieres, y si no, lo dejas. Ea, buenas tardes. Y cerró el ojo. Siró, á fuerza de suspiros y miradas, había logrado que Clara le tratase, si no con cariño, con confianza al menos, convirtiéndole en su doncello. -Siró, necesito que salga usted á comprarme seda negra. Siró, lléveme usted esta noche al teatro. Siró, tráigame usted flores. Siró, vaya usted por un real de bicarbonato. Y Siró andaba de un lado á otro, hecho un zarandillo, y se consideraba feliz. Sólo una cosa le molestaba: el inglés. No podía dar un paso sin tropezar con aquel hombre funesto, que le miraba con profundo desdén y le llamaba mamarracho por un quítame allá esas pajas. III- ¿Por qué no se casa usted conmigo? -preguntó Siró una tarde á la hermosa viuda. ¿Q u i é n sabe? -dijo ella. -Yo soy muy caprichosa, y sólo concederé mi mano al hombre que satisfaga todos mis antojos. -A todo estoy dispuesto. -Pues bien; se me han antojado unas medias color salmón con listas azules, que he visto en un escaparate. Cuando quise comprarlas, estaban ya vendidas. He recorrido todas las tiendas de Madrid y no las hay en ninguna; pero me han dicho que podría encontrarlas en Barcelona. El hombre que me traiga esas mediaá será mi esposo. Siró no la dejó acabar; de un brinco se puso de pie; de otro llegó al pasillo, y de otro fué á dar de bruces contra una persona que estaba de pie frente á la estancia de la viuda, oyendo la conversación. Era el inglés. IV- ¡Mozo, mozo! -gritaba Siró entrando en el hotel Falcón, de Barcelona. ¿Qué se ofrece?