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MAJADERÍAS II HUMANAS Uno de los adelantos materiales con que el siglo actual se engalana, como beneficioso para la vida de las criaturas, es la introduccióti de los muelles en el mueblaje doméstico. Hace cuarenta años nuestros padres se sentaban en lona, badana ó cuero, según su categoría; usaban paja ó enea en el interior de sus habitaciones; construían bancos de tablas ó poyos de ladrillo para el servicio público; y en cuanto á viajar, lo hacían sobre baúles, costales ó barriles, según eran los embalajes con que iba cargada la galera de transporte. Por lo que se refiere al lecho, no eran mayores las comodidades de nuestros antepasados. Dormían en cama de tablas ó catre de tijera, provistos á lo sumo de un trasportín de lana, un colchón de pelote y un jergón de maíz 6 cosa parecida. Sentarse en crines era propio de palacios: acostarse eri plumas era privilegio de magnates. Pero viene el siglo del vapor, del telégrafo eléctrico, de la lámpara incandescente y del fonógrafo; siglo que, al dotarnos de tantas maravillas públicas, nos concede las privadas de los fósforos y de los muelles. ¿Quién I no usa muelles entonces? La pupilera más modesta anuncia á los que le alquilan una habitación, que en cada cuarto hay una butaca de muelles; fondistas y hosteleros manifiestan que sus camas tienen colchón de muelles; los ei presarios de teatros, al preconizar las mejoras que preparan en el coliseo, cuentan entré las principales los asientos de muelles; por úítiino, cuando se casa una muchacha, sé le compra un estrado, con muelles por supuesto. Muelles Jí para ricos y para pobres muelles por todas partes. ¿Y qué son muelles? Muelles son unas tiras ó alambres de acero que, bien en forma curva ó en espiral, agrupados más ó menos ingeniosamente conservan su fuerza elástica para ceder cuando sé les oprime, ó dilatarse y rehacerse cuando se les abandona. Tenemos, pues, que la dicha moderna más barata de los humanos es sentarse, recostarse ó tenderse sobre sillones, divanes ó lechos, que al experimeiitar presión ofrecen blando asilo á la per- (1) Por indicaciones de su insigne autor, queda en castellano la denominación de esta serie de articnlos, que corregida y ampliada con otros inéditos, publicamos para honra de nuestra Kevista y regocijo de los lectores