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426 Juan cantar, BlíANCO Y NEGRO lleva sa copla y Breva llevó las suyas. Y como mi intento no es el de disertar, trueco la pluma por el diapasón, y allá va esa sarta de coplas: Creyendo darlo en tu boca. He dado en el aire un beso, Y el beso ha culebreado Como una chispa de fuego. JSn el altar de tu reja Digo una misa de amor, Tú eres la virgen divina Y el sacerdote soy yo. Cuando me esté retratando En tus pupilas de fuego, Cierra de pronto los ojos Por ver si me coges dentro. Yo no sé qué me sucede Desde que te di mi alma, Que cualquier senda que tomo Me ha de llevar á tu casa. Sobre la almohada Donde duermo á solas, ¡Cuántas cosas te he dicho al oído Sin que tú las oigas! El acento dulce De tu voz amada. Me parece una ola de llanto Que besa las playas. Tu desaire más ligero Pone mi pecho vibrando, Como un granillo de arena Hace temblar todo un lago. Yo hice un castillo en el aire Y á su sombra me senté, Tiró el viento el edificio Y entre sus ruinas quedé. Ciego que va por la calle, En el escollo vacila, Y mi corazón tropieza E n tus dos negras pupilas. Entre escuadrón de pestafias Se mueven tus ojos negros, Y cada vez que me miras Parece que dicen ifuegol Si fuera rayo de luna, Por tus ojos penetrara, Y en silencio alumbiaria El sagrario de tu alma. Cuando ¡adiósl digas al mundo, Pondré un rosal en tu fosa, Y te arrancaré á la muerte Hecha manojos de rosas. Creyendo en m. is sueSoa Poder abrazarte, ¡Cuántas veces, mi bien, he oprimido Las ondas del aire! Por traidores tus ojos Voy á enterrarlos, No sabes lo que cuesta, Niña, el mirarlos. Sobre su losa He de escribir con besos: Aquí reposan. Aquí yacen dos ojos- -Dirá en t u nicho- -Dos ojos tan oscuros Como el delito. Tú, caminante, Pasa pronto, no sea Que, muertos, maten. Calculo que seiscientas Son tus pestañas; Cada pestaña airosa Es una espada. Cuando las mueves, ¡Con seiscientas espadas, Niña, me hieres. SALVADOS RUEDA. y demás gente de i m a g i n a c i ó n los sobresalientes llevan u n arte p r o p i o como Chacón sino lo que antes he dicho, el de Como el almendro florido Has de ser con los rigores; Si un rudo golpe recibes, Suelta una lluvia de flores. Tengo los ojos rendidos De tanto mirar tu cara; Si los cierro, no es que duermen, Es tan sólo que descansan. Tus ojos son un delito Negro como las tinieblas, Y tienes para ocultarlo Bosque de pestañas negras. Aprovecha tus abriles Y ama al hombre que te quiera; Mira que el invierno es largo Y corta la primavera. No soy dueño de mí mismo Ni voy donde á mi me agrada; Atado llevo el deseo Al hilo de tu mirada. Cuando eche mi cuerpo flores, Sólo una cosa te pido; Que las pongas en el pecho Donde no pude estar vivo. Dentro de nna calavera Dejó la lluvia un espejo, Y en él á la media noche Se contemplaba un lucero. Eayito fuera de luna Para entrar por tu ventana, Subir después por tu lecho Y platearte la cara. Fuera entre todas las cosas, Por abrazarte temblando, Enredadera florida De tu cuerpo de alabastro.