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420 BLANCO Y NEGRO -Lo que tiene en un ojo la madre de mi portera. ¿Recuerda usted algunos signo del Zodíaco? -Nn, señor. ¿No ba oído usted liablar de Piscis, de Capricornio, de Virgo- ¡Ah! sí, señor; mucliisimo. ¿Y recuerda usted alguno más? -Si, señor: Libra. Pero ese está anticuado. Hoy se le llama medio kilo ¡BraYO! Vamos á otra cosa. ¿Dónde están las Canarias? -En la pajarera. ¿Y las Carolinas? -En el entresuelo de ahí enfrente. ¿Cuál es la situación de San Sebastián? -La más deploraWe que puede haber. Como que no tiene ni ropa. -Bueno. ¿Qué entiende usted por mar Negro? -Un tintero muy grande. ¿Cuáles son los productos de Suiza? -El principal es el café. Por lo menos, en todas las capitales de importancia hay café suizo. -I Qué se produce en Toledo? -Mazapán- ¿Y en Segovia? -Artillería. ¿Y en Teruel? -Amantes. -Póngame usted un ejemplo de partido judicial. -El novio de mi hermana, que es juez de ReinoBa, y mamá dice que es un buen partido. -Vamos á ver: ¿cuál es la capital de Álava? -No lo recuerdo. ¿No ha oido usted hablar de las sillas de Vitoria? -Sí, señor; en mi casa las hay. -Pues bien, la capital de Álava es el punto de donde proceden esas sillas. -Entonces ya sé cuál es. ¿Cuál. -El Rastro. -Muy bien. Pasemos á otra cosa. ¿Qué entiende usted por carretera? -La esposa del carretero. ¿Conoce usted alguna cascada notable? -Sí, señor; mi abuela. ¿Y algún monte importante? -El Monte de Piedad. -Bueno. ¿Qué entiende usted por estrechos? -Unas cosas que se echan la víspera de Reyes. ¿Y sabe usted lo que son puertos? -Los machos de las puertas. -Perfectamente. Vaya la última pregunta: ¿Qué entiende usted por cordillera? -La mujer que vende cordilla. -Muy bien. Puede usted retirarse. Al día siguiente publican los periódicos este suelto: lEl Sr. Ministro de obsequió anoche á sus amigos con un espléndido banquete para celebrar el brillante resultado de los exámenes de su hijo. COSÍ va il mondo! JuAX P É R E Z ZÚÑ IGA. GRITAS Y APLAUSOS (NOTAS DE ESPECTÁCULOS í iKMAK los empresarios de circos ecuestres, aunque no sé de dónde lo habrán sacado, que por aquí nos divertimos con las aberraciones de la naturaleza. Con la naturaleza hay que hacer lo mismo que haríamos con nuestros padres: admirar y aplaudir sus grandezas, y ocultar y respetar sus debilidades. Bueno que se explote la belleza de Geraldine, ya que uo sus habilidades; bueno que admiremos la her- mosura y la agilidad de la hermosa Theresa; pero ¿explotar los enanos? El enano del circo de Parish nos produce impresión desagradable. Aquella cabezota deforme, aquella frente pronunciada, no inspiran sino repugnancia. Quizás en el extranjero encuentren á eso gracia, pero acá necesitamos para reírnos contrastes artísticos y agudezas ingeniosas.