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412 BLANCO Y NEGRO Y sacudió con los zorros repetidos golpes al terrihle veci no antes de que rescatara la bota. -JSsta es una lección provechosa que me permito darle á usted, para que no vuelva á escandalizar á la vecindad. Le voy á ahogar á usted! ¡le voy á pegar un tiro! -vociferó el tremendo saltando de la escalera, y procurando ganar la puerta, no sin recibir algunos zorrazos más. ¡Infame! pillo! ¡mal caballero! fuese gritando. Hoy le abraso á usted el corazón. Y todos los vecinos, agrupados en las ventanas, celebraban con grandes risotadas el suceso. Don Silvestre estuvo todavía unos días en la casa, pero no se le oyó blasfemar, ni amenazar á nadie. Y una mañanita, al amanecer, vino un carro, en el que se llevaron los pocos muebles que poseía. Y poco después salía sigilosamente con su suegra y su mujer, sin hablar una palabra. No sé adonde se habrá mudado. Por si es vecino de alguno de mis lectores, y continúa tan valentón, doy estas noticias de D. Silvestre, para que se sepa cómo se le hace callar y mudarse de casa. CÁELOS FRONTAURA. -La broma le ha de costar á usted cara, dijo D. SÜTestre y ee dirigió á la escalera. -Usted ofreció hacerme polvo; yo me contento con quitárselo á, usted, contestó el archivero. CRITICA M Í S T I C A POR GASCÓN. ¡Qué preciosa Concepción ¡Qaé mancba tan deUcodal ¡Jesús qué proíanacióíi! ¡Mancha en una lumaculadal