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S 96 BLANCO Y NEGRO se pasaban el día de rodillas rezando á Dios y murmurando al diablo, y hay instantes en que me parece que va á salir D. Eosendo revestido, y en que yo le voy á ayudar. Adiós, Eosa de mi alma: dale muchos abrazos á D. Eosendo y tú sabes que sueña contigo y no te olvida un instante tu- -Juanin. Posdata. -Se me olvidaba decirte que mañana empezaremos á aprender la instrucción, y que lo que me da más rabia es no saber lo que significan los toques de cometa. un intervalo de voz á voz para que se diferencien unas de otras. Juanln se desfiguró por un momento: igual á los cantantes que avanzan hasta las candilejas para dar más brio á una nota alta, Juanln aspiró con toda su fuerza una oleada de aire, sus ojazos adquirieron el brillo del orgullo, y de aquella garganta de jilguero salió una. voz fuerte, potentei robusta, y repitió las voces de mando; mas al llegar á la de ¡mar... una lluvia de cabezales, de jergones, de mantas y sábanas llovieron sobre él. Si Juanln hubiera tenido conocimientos históricos, se hubiera comparado á Napoleón, cuando en Marengo, dictando órdenes, sentía silbar las balas y bombas sobre su cabeza Entre las alegres carcajadas y chanzonetas de los veteranos pudo al fin salir de aquella montaña de utensilios; mas al ver los soldado? viejos que salía sonriendo con aquella sonrisa de ángel, viendo frustrada la segunda parte de la broma, no volvieron á molestarle más: Juanín, con su conformidad y dalzura, iba cautivando á sus compañeros. Ill ARS AMAXDI IV HISTOKIA DE J Ü A N l N Dos días después escribía Juanín á su novia (porque Juanln, pequeño y todo, tenia novia) (Queridísima Rosita: Hace cinco días que estoy separado de vosotros, y ¡cuánto he llorado en tan poco tiempo! Parécerne esto un sueño, ¡pero qué sueño- tan triste! Porque yo reflexiono y con razón: Vamos á ver, ¿qué fáltale hacíaá la patria un muchachuelo como yo, que no sabe más que quererte, coger nidos, tocar las campanas y ayudar á misa? Es verdad que el servicio tiene sus atractivos nobles ser útil á la patria, marchar al son de la música y dejarse mirar con ternura por las mozas á quienes gusta en extremo el pantalón encarnado y los andares marciales; pero ay! echo tan de menos los prados y huertas de nuestro pueblo, su cielo siempre azul y el murmullo del mar que tanto me deleitaba cuando á la caída de la tarde nos sentábamos en aquella roca á ver cruzar las lanchas pescadoras Ayer nos vistieron: ¡cuántas cosas me dieron, Dios de Dios! Hopa blanca, zapatos, cepillos, alpargatas, bota de vino, cuellos, pañuelos, bolsa de aseo, polainas, cuchara, olla- marmita, etc. etc. un traje que me está muy grande, que llaman de faena, y otro de paño, consistente en guerrera azul y pantalón encarnado. E 1 hijo del tío Cano, que es cabo de mi compañía, me dijo ayer mientras tomábamos una jarrilla en la cantina: (Mira, Juanín; aquí mucha vista, oído sordo y lengua corta; sigue mi consejo y marcharás bien. ¡Cuando tocan marcha, me voy á la iglesia del Carmen, que está enfrente del cuartel, me siento en un banco y me parece que estoy en la de nuestro pueblo: me acuerdo de don Rosendo, de ti, de la Viígencita de los Dolores que veneramos en nuestro altar mayor; de las estampas que decoran sus. blancas paredes, representando la Pasión y muerte de Jesucristo; de las tías Francisca, Eomualda y Eustasia, que La del alha seria cuando, montado en su viejo borriquillo, regresaba D. Eosendoásu pueblodespuésdedar los últimos Sacramentos á una anciana de una aldea inmediata, y le pareció oir un gemido al lado sendero: apeóse del borrico y vii) con asombro á un recién nacido muy delgadillo, que lloraba, pataleaba y agitaba sus manecitas: lo cubrió con el manteo, y mientras murmuraba no sé qué palabras ininteligibles, subió de nuevo al borriquillo. Al llegar al pueblo contó lo sucedido, no faltando mujer caritativa que amamantara á aquel boceto imperceprible de hombre. I Pusiéronle por todo nombre y apellido Juan de Dios; y como era tan diminuto, desde luego dieron las gentes en llamarle Juanín, El muchacho, por otra parte, salió bastante listo á los siete años ayudaba á misa, y á los quince era el sacristán ¡ahí es nada! del muy heroico pueblo de Valdés