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394 BLANCO Y NEGRO empleados, particulares, prestan tono de severidad y orden al desfile. Después que pasan figuras y figuras, adelanta la sagrada custodia, bajo la cual asoman las filas de pies de ka hombres que la conducen. Al avanzar pausadamente, la muchedumbre se aprieta con trabajoso esfuerzo en las aceras, los hombres se descubren, las mujeres alzan en alto á sus hijos para que miren las andas de plata, y en los balcones se ven grupos arrodillados con las frentes inclinadas á tierra. Por fin, pasa la solemne Forma entre el restallar de las luces y el vibrar de las cadenillas metálicas. Los incensarios se mecen en los aires, y golpean la sotana de los monaguillos; lanzan los violinf s plaBideroa acordes, y las campanas voltean, como locas, en las iglesias durante la marcha de la procesión. Los racimos de uvas y las saludables espigas retiemblan á los movimientos de la Custodia, y oscilan sobre el lecho de flores que la gente arrojó, sobre las andas. Tendiéndose á lo largo de la calle, la vista disfruta del rarísimo escorzo de balcones y edificios, donde la sombra se alarga bajo las repisas, y las colgaduras forman una brillante fiesta de colores. Á medida que desfila la procesión, óyense en todos los sitios las mismas exclamaciones, iguales muestras de admiración y de alegría. Y cerrando el majestuoso cuadro, y detrás del lujoso coche regio, avanza una ruidosa legión de húsares que levanta nutridísimo estruendo del empedrado, y parecen los jinetes con los pechos cubiertos de cordones amarillos, un fantástico escuadrón de esqueletos de oro SALVADOR E U E D A LOS PALOS DEL CORPUS, Ó LA FUENTE MÁGICA, POR ROJAS