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J E Pr; 0 esióit ki mpis ADA capital de España da un aspecto especial y distinto á la procesión del Corpus. Mientras en Sevilla, por ejemplo, toma el acto religioso la encantadora fisonomía de un alegre cuadro de género, y en G- ranada se reviste de hermoso color histórico, en Madrid adquiere todas las apariencias de un espectáculo, donde lo que menos importa es la unción religiosa, y lo más interesante es pasar un rato ameno, ya en la calle, ya colocado en un balcón, viendo el desfile de tropas, gente del pueblo, mujeres hermosas y atavies brillantes. La flotante lona, tendida de balcón á balcón á lo largo de la calle, tiende una lista de sombra sobre los empedrados, y reserva á la muchedumbre del sofocante calor que baja de los cielos. Á las tres de la tarde la calle está completamente llena de gente de toda laya y linaje; un hombre atraviesa buscando con ansia la acera; otro retrocede ante la presta llégala de un coche; aquél anda, codo en ristre, entre el mar humano, sin descubrir playa salvadora El honrado trabajador, que durante todo el año estuvo introduciendo la diaria moneda de cobre en la alcancía, donde. lenta, pero incesantemente, sonaba como gota de agua en la cueva, ataviado con el traje que á duras penas pudo comprarse, atraviesa por la sombra del toldo conduciendo de la mano á su hijo pequeño, al cual sube en sus brazos cuando el bullicio aprieta, y se acompaña asimismo de su mujer, que durante todo el año tuvo la no menos admirable paciencia de no romper la alcancía. Bajo la lona que sirve de escudo contra los rayos del sol, tan pronto avanza una hermosa mujer enseñando el gracioso rostro en medio del velo, como cru 7 a un petimetre de cintura de avispa éirradiadores lentes; ya toma en breve cartera sus apuntes del natural un dibujante; j a divídese en dos landos remolinos, de gente, donde la asfixia pone mano de hierro en las gargantas. Gritos, risas, denuestos, requiebros echados al paso, se oye entre el monstruoso vaivén de ondas humanas. De pronto aparecen, en el término distante, les cuatro vistosos caballos, montados por otros tantos gua: dias civiles, y un rumor de alegría pasa de boca en boca, y corre de balcón á balcón, y álzase la multitud sobre las puntas de los pies, inolínanse hacia adelante en sus asientos las figuras colocadas en los antepechos, y ocasiónase un general movimiento, que se traduce á los semblantes en forma de júbilo y entusiasmo. ¡Ya viene, ya viene! -se oye en todas direcciones, y los ojos huscan los lejanos estandartes, las mangas de las parroquias y las primeras figuras de la procesión. Después aparecen las comisiones, cuyos individuos visten de rigurosa etiqueta, y sobre lo negro del traje lucen la intachable pechera donde los diamantes hacen el papel de gotas de luz. Lia armoniosa banda de música, echados sobre la espalda los galoneados sombreros, y clavando el pentagrama en til de cada instrumento, marca el solemne. paso de la procesión, y lanza sones gangosos de los clarinetes, L notas profundas de los contrabajos, enmaraiña con las sonoras flautas, y da fondo á la armonía con los golpes y los resplandecientes platillos el pelotóm de gente para dejar franco el paso á. una caballería; tan á veces empieza á oirse el conato de una acalorada disputa, como se forman