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370 BLAiíCO Y NBGEO promesas de triunfos venideros; por el contrario, sus biógrafos aseguran que llegó á los doce años de edad sin conocer siquiera los rudimentos de las primeras letras. Despertóse, sin embargo, poco después su ingenio con el estudio, y el trato y comunicación con esclarecidos poetas le infundieron el amor á las letras que siempre manifestó desde entonces. Fundó en Osuna una academia á que dio el nombre de Silé, y celebraba sus sesiones en el campo, al aire libre, en una heredad llamada del CipreK. Posteriormente fundó otras dos ó tres academias en Sevilla, de las que salieron discípulos tan eminentes como D. Alberto Lista y D. Félix José. Eeinoso. Merece particular mención la que designó por su patrono á San Juan Crisóstomo, y eu la que todos los años se solemnizaba el día del Santo dando á cada uno de los que la formaban una empanada y ana taza de ponche. En 1797, cuando contaba veintiséis años, fué nombrado Doctoral de la Capilla Real de San Fernando de Sevilla; poco después, en un viaje que hizo á Roma, acompañando al arzobispo Sr. Despnig, logró el aprecio del pontífice Pío VI, que, estimando en cuanto valían su instrucción y sus cualidades, le nombró su capellán secreto supernumerario, y á su regreso á España, en 1801, ganó por oposición la plaza de canónigo penitenciario de Córdoba, triunfando noblemente de sabios y meritisimos contrincantes. Todo hasta entonces le era favorable, pero algunos años después llegó la invasión francesa, y con ella dieron comienzo sus apuros, infortunios y contratiempos. Salió huyendo de Madrid, perdiendo casi todos sus hbros y papeles, y se refugió en Córdoba, donde no tardaron en llegar también las huestes francesas mandadas por Dupont y el mismo Tey José, sin que ya entonces pudiera evadirse, aunque lo intentó. Por el contrario, el cabildo eclesiástico nombró tres capitulares para visitar y prestar acatamiento al Monarca usurpador, y Arjona fué uno de los designados. Enteróse el rey José de que el bueno del penitenciario tenía sus pujos de poeta y de que había compuesto una oda. ensalzando á los venceSores de Bailen, y considerándolo pecado grave contra Su Majestad intrusa, impuso al penitenciario la penitencia de escribir otra ensalzándolo á él. Para salir del paso sin grave compromiso, no encontró recurso mejor que coger unos versos que había escrito años antes celebrando la visita que hizo Carlos I l l a Córdoba en 179 J, y poniendo José donde decía Carlos y heroicos franceses donde decía (dnvictos españoles se la eacajó al Monarca, que por el pronto se quedó tan complacido y satisfecho con aquel refrito, como ahora decimos. No pararon en esto sus angustias. Publicóse en Córdoba un periódico, órgano de los franceses y de los afrancesados, que se titulaba C r) Y! oíííÍ 6 (í mZiter, y le encargaron de su dirección, que tampoco se atrevió á rehusar. Pero llegó el día en que los franceses fueron lanzados de Andalucía, y llegaron para el infeliz Arjona los días de mayores vejámenes y de más terribles sufrimientos. Procesado y perseguido como ajraiicmailo, en vano trató de disculparse diciendo que todo aquello había sido fingimiento para inspirar confianza á los enemigos y prestar mejor servicio á España, conociendo así sus planes y maquinaciones; en vano repitió cien veces con dolorido acento: Utffe. a irííí. s, JMÍS in hostt- n- iiiratí i) liOs irritados españoles no estaban para dejarse convencer con latines, y el malaventurado Arjona fué encerrado en una prisión, incomunicado y con centinelas de vista, hasta que al cabo de dos años de cautiverio, obtuvo la absolución y la libertad. Dirigióse entonces á Madrid, y al poco tiempo pareció que la suerte volvía á favorecerle. Logró ser nombrado secretario de la Academia é introducirse en Palacio, donde no tardó en conseguir los regios favores, mereciendo el aprecio de Fernando VII, que algunas veces se dignó llamarle para consultar con él. No era esta distinción, ciertamente, para enorgullecer á un hombre docto y de talento, tratándose de un monarca cuyos predilectos consejeros eran el ex aguador Chaniurro y el ex esportillero ügarte pero Arjona sintióse satisfecho por haberla consegmdo, y tan en serio tomó su papel de consultor, que un día se atrevió á hablar al Rey poco favorablemente de su Ministro predilecto, de Lozano de Torres, á quien un historiador llama el hombre de la adulación, de la ignorancia y de la vileza á quien el Eey había colmado de mercedes y de beneficios por hechos tan eminentes como el que se consigna en el siguiente decreto, que copiamos por lo brevey por lo curioso; En atención á los méritos de mi Secretario de Estado y del despacho de Graciay Justicia, D. Juan Lozano de Torres, y EN PBisMio de Imher p. uhlj, cadi) el embarazo de la Rehuí, iit i eupusa, he venido eu concederle la gran cruz de la Keal y distinguida Orden española de Carlos 111, contando la antigüedad desde el día de la publicación de dicho fausto suceso. Tendréislo entendido, etc. -En Palacio, á 19 de Junio de 1817. ¡Nunca hubiera hecho tal cosa el peor aconsejado que consejero Arjona! Volvió para él la época de la deígraeia y fué desterrado, causándole este castigo, por inesperado é injusto, tan profunda pesalumbre, que alteró su salud, y ya, omo vulgarmente se dice, no volvió á levantar cabeza hasta que murió en la tarde del 25 de Julio de 1820. Para terminar estos apuntes, copiaremos el retrato del Sr. Arjona, hecho por uno de sus biógrafos: Era- -dice- -de buena estatura y de medianas carnes; sus facciones bien proporcionadas, su color blanco y el pelo muy negro; los ojos grandes, prominentes, y la vista torcida. En su trato era llanOj. atento, afable, jovial y á veces picante y satírico; descuidado y negligente en orden al porte y aseo de su persona; su conversación, amena é instructiva, TSLLO TÉLLEZ.