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BLANCO Y NEGEO 365 La cantaora entonces elige, instintivamente, para ¿Quién las ha compuesto? ¿Hay un músico colectivo, compuesto por millones de seres de todas las razas, cantar, coplas cuyos versos terminen en vocales que que escribe en pentagrama no visto ese lamento ar- conserve limpias y frescas su voz. En vez, pOr ejemmonioso que se repite, de pueblo en pueblo, é im- plo, de cantar la copla anterior, cantará esta otra: prime en todas las almas el mismo dejo de trisSi quieres darme la muerte, teza? Tira donde más te agrade, Porque no hay que fiarse de las alegrías de la viPero no en el corazón, huela, símbolo de esas canciones: la guitarra es una Porque allí llevo tu imagen. gran melancólica, una incurable, que hace por reirse y no puede, que inicia una carcajada y la termina en Y si ya tiene empañada la e, que es la que ha de sollozo. Cuesta pena infinita verla forcejear, con- seguir en sus caprichos á la fermata; si ya, en fuertraerse por estallar en risa, sin poder acabar de ale- za ide emitirla, perdió su cristalina vibración la cangrarse. Siempre he creído que dentro de cada guita- taora, siempre de un modo inconsciente, hará predirra hay un alma: la forma de su caja describe la dilecto suyo otro cantar que termine en o, como éste: figura de un pecho en el que acaso haya encerrado La vida es un tren que sale un corazón ideal, que nosotros no podemos ver. í; Con carga de sentimientos, Sea como quiera, las canciones que acompaña y Con parada en los amores Y fin en el cementerio. borda tienen la sanción universal y son de un arte delicado y único. Por eso es digna de admiración y Así, rodando, puede decirse, de vocal en vocal- -de respeto la guitarra. La fiesta canallesca la prostituye; el tablado la rodando i porque esa escala descendente la recorre la violenta y disloca, trocando por agilidades de ejecu- c 5 íaora cuando camina hacia el agotamiento, haciír ción su sentimiento; los mendigos la visten de an- la anulación, -van marcando esas mujeres, de voz drajos los barberos la hacen petulante y cursi; las apasionada y fresca, que halaga nuestros oídos, los rondallas la riegan de vino y golpean su caja; los grados de su gloriosa vida artística, hasta no hallar enap orados la hacen intérprete de su- deseo; la ar- vocal apropiada á su acento afónico. diente juerga que se agita con ondular de pañuslos Entonces, ya en la última trinchera, vienen las de Manila y se corona con hojas de pámpanas, la angustias horribles, las desesperaciones tremendas, eleva á diosa terrestre; el campesino la rasguea por las congestiones al emitir la voz, que adquiere los las noches con mano santificada por el trabajo, y la visos del ópalo sin la belleza de ellos. Las yugulares hace confesora de cuanto siente, y la cantaora la sose hinchan con plétora dé, sangre, los músculos del mete á su voz de artista, deja recamar por ella sus rostro se contraen, la garganta adopta i posturas coplas, apoya su acento en el compás que marca, propias de cada sonido, pero las notas no acuden, las y es su compañera de música. Necesita, para cantar escalas son roncas, la armonía ha huido del pi odigioso á su son, que esté apropiado el registro: entonces el órgano. tocador de ofiéio afina las cuerdas, gradúa las tenAdiós, entonces, aplausos entusiastas, ilusiones siones, repasa una vez y otra vuelve á repasar, hiere de amor, sueños fascinadores, salvas frenéticas de en escala las seis, desgrana un puñado de falsetas aplausos. como estallan algunos cohetes antes de los fuegos arEl nido de ruiseñores que la címíaora tenia en la tificiales, y la caníaora, sacando el cincelado busto, garganta, se ha deshecho; los pájaros se han y o, y deja ir la voz y atropella con este tropel de notas el sólo quedan a l a mujer las exigencias á que acostuniaire: bró su naturaleza, el reclamo de los halagos á que estuvo hecho su oído. A las niñas de tus ojos La guitarra lleva tras de sí un mundo de alegrías Les tengo de ir á pedir y dolores, y penetrar en ese muudo, causa á veces deQue me entierrea en su fondo, Que ya no quiero vivir. licias inmensas y á veces torturas horribles. En los tallados de la caña de manzanilla, se ríe la Si la cantaora está en la plenitud de su voz, ataca luz, pero el vino su le estar mezclado con lágrimas. las vocales con que termina la copla, sin desviar sus Toda esta lección, y muchas más que podría dar, sonidos: esta es señal de timbre lozano, de acento las aprendí en la Cátedra del Burrero de Sevilla, joven y fresco. Si la i con que acaba el verso final donde puede aprender mucho quien se atreva á pasar (porque las consonantes, instrumentación que vienen de la superficie de cuanto ve. á ser de las vocales, que son la melodía, no las proPara el que no tenga ojos, ni sea aficionado á obnuncia la cantaora en las terminaciones) si la i con servar, ni en sitios superiores, ni en el mismo Burrero, que acaba el verso la trueca la voz, al llegar la ferconseguirá otra cosa que hacer el burro. mata, en á ó en é, 6 en otra cualquiera, revela decadencia, revela haber apurado ya el acento su timbre, haberse vuelto opaco, insonoro. SALVADOR R U E D A