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BLANCO Y MBGKO -Criatura, por Dios, ten quietos los pies, que estás pisoteando á esta señora- ¿Está malo el niño? -Sí, señora, muy delicadito. Ahora le traigo de la consulta del doctor Asnal, y ¿sabe usted lo que me ha dicho para consolarme? ¿Qué le ha dicho á usted, buena mujer? -Que el niño va á tener unas viruelas horrorosas. ¡María Santísima! ¡Cobrador! ¡Cobrador! ¡P a r e usted, pare usted! ¡Que paré, que pare! ¡Eso es, subiendo la cuesta; yamosá parar! ¡Pare usted, cobrador! -Que no se puede hasta subir la cuesta. ¡Qué abuso! ¡traer en el tranvía chicos con vj ruelas! I- -Señora, el tranvía se ha hecho para todos. ¿Por qué no se compra usted una carroza para usted sola? Sí, sí, baje usted pronto, que se le pueden pegar las viruelas del niño, y será una lástima que se le estropee esa cará: tan antigua. ¡Qué insolente! ¿También usted se va, caballero? -Si le parece á usted que las viruelas me seducen, está usted muy equivocada. ¡Anda, todos; se van! Mejor, asi voy yo como una reina en mi coche sola. Pero ya entran otros... No, pues á éstos no les digo lo de las viruelas. 36 B sos... Anda, Tóiiito, dale los treinta céntimos á ese btienhomtee, que está espej- ando. r- -Pues señor, no sé por qué se ríen tanto todos ustedes Nosotros me a c que no tenemos monos en la cara... Pus jo tengo ráfilas pulgas. -Pues no se enfade usted, que entonces sí que puede que vaya usted a l a cárcel. -Mira, mira, Tonito, vamos abajo; será mejor... No ños yayamcs á comprometer. Que nos devuelvan los tmníá celitimos, qué no nosi. vehdrán mal. -ustedes bajan ó siguen, como quieran, pero lo3 treinta céntimos ya los iian perdido ustedes de vista pará siem pre. -Entonces no nos vamos. -Míalos míalos como se ríen. -Anda, que se rían... no hagas caso. -Pero hombre, ¿por qué bajas la cabeza y te has puesto tan colorqo? -Gáyate, mujer, que estoj avergonzao. ¿De qué? ¿De venir conmigo? Piíes muchos se darían con un canto. -No es eso, mujer. ¡Mardita sea mi suerte! -Pero, ¿qué es? -Mujer, que allí junto á la puerta va mi teniente coronel- ¿Quién? ¿aquel del bigotazo? -Sí, el del bigotazo... ¡Mardita sea mi estampa! Ya me ha coMoc o- ¿Y qué? Ahora no estás de servicio- -Sí, estoy de servicio contigo ¡Miste que ocu- ¿Qué ie. paece, Pascuala? Se va bien en este rrírsete que entrásemos en el tranvía! Mi teniente coche ¿eh? coronel dijo ayer en el cuartel que al sordado que le- -Ya lo creo. ¡Lástima que no lo haiga en Villa- vea con una mujer, aunque sea. más doncella que silvestre pa dir k las eras y á la ermita de Santa Juana dé Arco, yo no sé quién es esa Juana, le va Gertudis á deslomar, porque las mujeres pierden á los hom- ¿Cuánto es el paseo, buen hombre? ¿A dónde bres y á los sord- ados, y que él ha sido también sordado, y hasta que fué eomendante, para él como si no vamos en este coche? -A la cárcel. Treinta céntimos los dos. hubiera mujeres en el mundo. Conque figúrate Y- ¿A la cárcel, dice usted? ¿Y por qué habernos. el mardito conoce á todos los sordados del batallón por sus nombres y apellíos dir á la cárcel? -Pues rio es poco fartón el hombre. -Oye, chico, nos hemos metió en un Qoche de presos Vamos á bajarnos. ¡Jesús! ¡A la cárcel! -Cállate, y hazte la disimula, mujer Como si- -Usté debe estar enquivocao Sernos de Villa- no vinieras conmigo. Cualquier día me vuelvo yo á silvestre, y habernos venia á Madrid á que le hagan á meter en el tranvía con tina mujer. ésta, que es mi mujer, una operación, con perdón de- -Ya se va. ustedes, y nos habernos metió aquí sin saber, sin otra- ¡Ay! ¡Gracias á Dios! Bien me ha conoció... intinción que dar un paseo. -Te ha mirado así como pon desprecio cuando le B u e n o pues dan ustedes un paseo hasta la. cár- has hecho la venia. cel, y luego vuelven á la Puerta del Sol. -Si te digo que no pué ver á las mujeres, sobre- -Eso bien; pero cuidiap, que no nos lleve usted todo al ramo de criadas y niñeras. Dice que no teneengañados. mos vergüenza los sordados que acetamos cajetillas de- -Mira, chico, más vale que nos abajemos ahora las pendonas de las criadas, y que nos laven la ropa y nos conviden á buñuelos y al columpio del Tío Vivo. -Ties razón. -No sean ustedes zopencos; este coche va hasta- ¡Vaya un hombre desaborío! la cárcel, pero no entra. -Pero con mucho de aquí. Sabe más trática que- ¿Oyes lo que dice este señor? que no seas zo- 2 íapoleón, y á los sordados los quiere como si, fueran penco que no nos sucederá nada, ni nos quedare- hijos, pero no han de ir por las calles con mujeres de mos en la cárcel. poco más ó menos Dice que pa un sordado es y- -Hijo, como nosotros no sabemos Pero si us- íoa 2 J ¿a poco una duquesa. ted dice que no hay cuidiao de que nos lleven pre- ¡Vaya! Está w ÍZao el hombre. CARLOS FRONTAUEA.