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F- r- f EN E L TRANVÍA ¿A dónde va usted? -A Manila. -Este coche no va hasta allí. ¡Ah! Usted perdone; ahora voy á Pozas. A Manila no me voy hasta mañana. Estoy tan aturdido desde que he recibido la credencial ¡Dejar aquí la mujer, los hijos, la suegra! ¡Irme tan lejos! En fin, ¡cómo ha de ser! tome usted los diez céntimos. -Son quince. -No; son diez los que le doy á usted. -Faltan cinco. -Eso es otra cosa. Como decía usted cuando le di los diez que eran quince No sé lo que digo ni lo que hago- -Niña, ¿qué te ha dicho ese que va á tu lado? -Que soy muy bonita, y que dónde vivo. -Cobrador, haga usted el favor de parar en el 92 de esta calle de Leganitos. (A ver si asi se entera. -Señora, ya estamos en el 92. -Vamos á casa, niña. Perdone usted, caballero. ¿Lehe pisado á usted? ¿Le he hecho daño? -No, señorita Todo lo contrario. Un pisotón de usted sabe á gloria. -No te caigas, mamá. -i Jesús! No puede levantarse una mientras no para bien el coche. Por poco no he caído sobre usted Beso á usted la mano, caballero. -Y yo á usted los pies, y á esta señorita ¡Bendita sea tu madre! -Siéntese usted aquí, señora- ¡Ay! no, no se moleste usted. ¡Oh! sí, señora, ¡no faltaba más! Ücnpe usted mi asiento. -Gracias. ¡Qué mujer! Si tuviera por marido un Orozco, ¡qué ganga! -i Jesús! (Buena falta me hacía sentarme! Muchas gracias, caballero, muchas gracias. ¡Oh! Señora, no he hecho otra cosa que cumplir mi deber. -Cobrador, tome usted, cobre de esa peseta. -Ya está pagado, señora. ¡Jesús! ¿Quién ha pagado? ¡Qué sonrojo! -E l caballero que se levantó para que usted se sentara. -Caballero, muchas gracias, pero ha hecho usted muy mal No tengo el gusto de conocer á usted, ni usted me conoce tampoco. Ya puede usted sentarse, puesto que esa señora se va. ¡Oh! Señora, yo sí conozco á usted por una de- las señoras más distinguidas y más hermosas- ¡Jesús! Muchas gracias; ¡qué exageración! -Y me parece que también tengo el gusto de conocer á su marido de usted. ¿No es Orozco? -No, señor, no; es Gómez No tendría nada de particular que le conociera usted, porque es muy conocido: Gómez de la Trucha. -Sí; me parece que conozco algún Trucha- -Está empleado en Hacienda; jefe de atrasos ó no sé qué ¡Ay! i Jesús! Ya me he pasado de mi casa; estamos en el 48, y. esel 32 ¡Iba tan distraída! Cobrador, pare usted- -Señora, yo no paro. -Digo que llame usted para que paren las muías Estos cobradores son lo más descarados Caballero, muchas gracias, beso á usted la mano. -Señora, ¡qué envidia tengo al Trucha! ¡Jesús! ¡Qué gracia!