Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BLANCO Y NEGRO 361 ü n buen mozo, sobre todo por estos Madriles, es tan raro, como el hallar un alfiler en un pajar. Las chicas han tenido que desistir de casarse con buenos mozos, y los sastres lamentan profundamente esta degeneración de la especie. Á un individuo que alcance la estatura que en época de nuestros primeros padres habría pasado por la del ser más inferior, raquítico y pigmeo, se le puede ahora exhibir como gigante de proporciones colosales, á real la eritrada en una barraca de la feria. Un alto, sólo puede vanagloriarse de su estatura en días de procesión ó fiesta cívica. Los buenos mozos Ya habrán comprendido los lectores que todo esto son desahogos de un pequeño. O. OssoRio Y GALLARDO. EL GUITARRISTA ESPAÑOL 0. JOSÉ FOLA La guitarra, de naturaleza di tii IL- II I eáuaorgaaismo tan delicado como ut i serlo el más seasible Cuando la guifcirra aprende su ciencia de mano i de un hombre vulgar, su naturaleza es vulgar también; se pareceiá al poeta que oye lecciones de retórica de un maestro ru tinario y mecánico; pur el contrario, si es loque se llama dentro del arte un temperamento el que alee- (ciona la guitarra, ésta se identificará con quien la toca y será una naturaleza en armo- I nía con la de su creador. CJn día oye el árabe mstru mentó una canción popular, uil aire de üspaña, y desde aquel momento ya sabe para lo que ha nacido, para ser el intérprete del sentimiento de ún pueblo, para asistir á sua ver- benas ruidosas y bellas, para liolar en la cárcel con. el preso, del que es especie de sublime hermana de la Candad que le confoita y le alienta, para acompañar los purísimoá amores dé la reja, para seutir á la hora del crespilsoulo la misteriosa hora del, Ángelus entre el coro de campesinos, para hablar de recuerdos, de patria, de amor, hasta de religión aprendida en nuestra niñez. Hebras del sol que alumbra á Sevilla y á Córdoba son sus cuerdas; en ellas duermen, invisibles, los arabescos, de la Alhambra, gime el suspiro del moro, y palpita como un himno valiente y guerrero la jota. La nodriza que ha ensayado sus canciones á nuestra cuna es la guitarra; aprendimos el Padre á la vez que aprendimos á violentar los dedos en el mástíl; las más hermosas noches de amor y de luna, las hemos pasado oyendo su melancólica armonía. üUa es la caja que guarda nuestros recuerdos, el adiós liliiiri i ue oyen al despedirse los quint 1 i ifinadora de nuestro oido árabe y ii ioal. r a los pueblos de Rspaña preside i I sus coplas de júbilo el bautizo clásico y alegre, da la voz de. dés canso en el trabajo, congregando A la familia baj el oloroso toldo lie jazmines, santifica las fiestas con oraciones de armonía que repiten los mozos en la rondalla, es testigo amable del casamiento feüz, y á su compás baila la moza su último baile de doncella Este es el instrumeto nacional. No pi- ostituido en la orgia canallesca é innoble, puro, santo, de virginal pureza y de sentimientos no profanados, la guitarra es algo de nuestra bandera, de nuestro idioma, de nuestro sol ai diente y del cuadro de nuestras costumbres. Pues con teda esa sublimidad hace vibrar el instrumento árabe el guitarrista insigne Fola, que ha hecho acudir á mi pluma esta felseta escrita, no tan brillante como la que el eminente artista sabe levantar de las cuerdas. Recoger la guitarra de la inmunda mesa del suburbio y colgarla del laurel donde dejan su lira, cuando descansan, los poetas, es lo que ha hecho el artista espaSol á quien dedico este articulo. VA mástil en sus manos es lira de Apolo, estrofa de Virgilio melodiosa y suave, pintura de Claudio de Lorena, cuadro de Cervantes. La emoción que produce un libro, una escultura, un paisaje, despierta el popular instrumento tocado por el egregio artista. Si es verdad el refrán que dice de tal palo tal astilla, la guitarra de Fola pfÁ arrancada seguramente de un tronco de palo santo. Asi puede llamarse á un hombre artista, y á la gnitaira noble competidora de la lira. S. EUEDA.