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LAS ACTRICES ESPAÑOLAS MARÍA GUERRERO Aunque todo llega, declaro lealmente que hubo un momento, en que desconfié de que llegase el tio Paco. Por fin ha llegado, y con el el momento oportuno para hablar desapaionadamente de lo que antes no podía hablarse con imparcialidad, sin ncurrir en el enojo de aquellos que, por estar apasionados, carecían de lonocimieQto, y sin conocimiento de causa lanzaban á los vientos de la) ublicidad las más temerarias ideas y los más perjudiciales elogios. Me apresuro á declarar que esos elogios perjudiciales y esas ideas temearias eran hijos de la buena fe, del ardiente, justísimo deseo de dar por lallado un artículo de primera necesidad en la vida del arte dramático, del cual articulo carecíamos (y seguimos careciendo) casi en absoluto. Pero ¡ay! que no basta el buen deseo- -por ardiente que sea, -y el entusiasmo irreflexivo se apaga en la fria realidad. Hay amigos enearnizadns y fvrmidahles que, con la más sana intención, lañan y perjudican aquello mismo que á todo trance desean favorecer. Las personas que viven del público- -en la esfera del arte- -deben pedir i Dios, en sus cortas oraciones (suponiendo que sean cortas) que les Ubre le tales amigos La Srta. Guerrero era una excelente dama joven del teatro de la Comedia: excelentísima, si ustedes quieren; pero dama joven nada más. Aconsejada, sin duda, por sus enemigos, se trasladó del escenario de la Comedia al del teatro Español, donde debutó al comienzo de la anterior temporada, representando el papel de doña Inés en el drama titulado Don, Juan Tenorio. Al día siguiente de ese debut, en periódicos y círculos teatrales se dijo con rara unanimidad: Va ha llegado! ¡Ya ha llegado! Los que de tal suerte se expresaban, creían, y asi lo afirmaban rotundamente y sin vacilación de ninguna clase, que había llegado la primera actriz con tanta ansiedad esperada, y que esa primera actriz era Mariquita Guerrero. En verdad que el papel de doña Inés lo interpretó á maravilla; pero un papel no es bastante á crear una reputación súbita mente (y menos el de doña Inés del tu V alma, mía ni es posible tampoco conver. tirse de dama joven en primera actriz, sólo con salvar el corto trayecto que media entre la calle del Príncipe y la plazuela de Santa Ana Otras obras que se representaron en el ISspafiol después del Tenorio, vinieron á demostrar que, efectiramente no habia llegado la primera actriz con tanta precipitación anunciada. Pero los indiscretos anunciantes no quisieron rectificar su juicio, y se mantuvieron en sus trece durante toda la temporada anterior. La compañía del Español (con la Srta. Guerrero) salió á provincias; pero sin terminar la excursión veraniega, la joven actriz rompió sus compromisos con dicha compañía, y con la celeridad del rayo corrió la desagradable noticia de que la prirdera actriz que poco antes había llegado á la plazuela de Santa Ana, abandonaba definitivamente la escena española para reanudar la serie de sus triunfos brillantes en la escena parisiense y como actriz francesa. Los admiradores de la Srta. Guerrero vistiéronse de luto (metafóricamente hablando) y un periódico de gran circulación dijo, entre otras cosas, lo siguiente: Es noticia comprobada. María Guerrero. la joven actriz en quien fundaba el arte hispano todas sus esperanzas, se ha unido á la duple ajianza. No vendrá más á Madrid. No la oirá más el pilblico madrileño.