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NOTAS INSTANTÁNEAS XA R DMERÍA DE SAN ISIDRO EN MADRID ¿te- iV, í 0! S W i TIPOS DE EOMEROS. ENTRADA A LA BBMITA. EN LA PKADEUA. LOS COLUMPIOS. s una fecha del corazón para la coronaia villa, el sueño del primer vestido de percal del verano, xm dia de locara en que Madrid, la capital nostálgica de la luz. va á la clásica pradera á emborracharse de sol. Desde que se entra por las puertas de Alcalá y de, San Vicente el mes de las fresas y de las rosas, la población comienza á pensar ea su delic oso 15 y, á sonreirle con el enajenamiento con que se saluda á la dicha pró, xima La heroica ciudad de la defeüsa del parque posee un alma ingenua de niño; éh el espíritu del madrileño de raza no quedan penas eh la mañana derSantó: se las lleva todas por delante una ensalada j de lechuga con huevos duros, un trago de vino y un emperejilado pito de cristal... La romería del Santo labrador goza en provincias de un predicamento enorme y atrae por millares los fo- rásteres; el pueblo, con su instinto gráfico, haciendo un tropo sin saberlo, les ha bautizado acertadamente con el nomw bre de Isidros Ninguno falta á la pradera De todas las impresiones de su volada de pájaro á la coi- te, ninguna le produce un efecto tan hondo En todos ellos surge el mismo pensamiento nacido del asombro: Pero, ¿de dónde sale tanta gente? La muchedumbre les fascina, les causa ese pavor lleno de admiración que se despierta en el ánimo cuando se ve por primera vez el oleaje del mar JSl madrileño es trasnochador por excelencia y se levanta tarde; el único dia en que madruga es el de San Isidro Por nada en el mundo dejaría de asistir á su cita de todas las primaveras con el piadoso labrador... Cuidado que se sabe de memoria la fiesta Como que le llevaba de chico su padre, cargado con algún utensilio de la merienda, y de mozo acompañaba á su novia á la romería... Kada ha variado desde entonces- Kl tono verde de los huertos del camino, el agua del río humilde, el pontón de madera, la ermita llamando sin cesar á la gente con su esquila lanzada á vuelo, la cumbre del cerro coronada de fondines, la calle de puestos de lona, las comilonas en lo hondo del llano al amparo de las ventas de esteras, con sus comensales de bruces ó tendidos en tierra, los columpios subiendo y bajando, la montaña rusa yendo y viniendo, el Tio Vivo girando con vertiginosa rapidez, el tamboril, la dulzaina, el trombón, el bombo, el clarinete, sonando á un tiempo, la barraca de los acróbatas, el poyo de caoutchouc para probar la fuerza, las rosquillas de la tía Javiera, la leche de las Navas, el rosoli, los pitos de cristal, las flautas de caña, el agua milagrosa, los ómnibus y calesas, los mendigos, la multitud, todo sudando, jadeante, en punto de asfixia, diluido en una inmensa extensión que reverbera como un espejo, bruñido por el sol, ofusca nte, echando chispas, dejando en el espíritu estampada una impresión de fuego á la manera de esas marcas candentes con que señalan á los caballos en el lomo He ahí la nota de la romería hace tres lustros, y he abi la nota de la romería en la actualidad Madrid, sin embargo, no se cansa y todos los años va á celebrar á su Santo, y es que en el espíritu del pueblo heroico arde con perdurable llama ese amor de los recuerdos que se llámala tradición. (Fotoc raflíu de D, Luciaiw É tremera. AlPONSO PÉREZ JsTIEVA.