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B L A N C O Y NEGRO ¡V yal De suerte que aliora ya sabemos, ó presumimos, á quién mandstba el poeta, llamémosle asi, romper, romper, el táio, íí lá estrofa antecedente: á los torbdlinos. Á los mismos torbellinos raudos á quienes manda ó suplica abora que le lleven en su bruma. Lo malo es que los torbellinos raudos no suelen tener bruma, porqu torbellino es una cosa, y bruma es otra, y. J. Pero adelante. ¡Oh, raudos torbellinosl Llevadme en vuestra bruma (Siempre en el supuesto de que la tengan, ¿eh? Por el ignoto espacio Qae e ¡hombre no tntzi... Es verdad. Si el hombre le hubiera cruzado, ya no seria ignoto. Y sigue el poeta mandando, ó más bien pidiendo, pero pidiendo gollerías. Como que dice: Dejadme en esos campos Que fCttíií cí Peneo, Ba cuya fresca orilla Se transformó Dafné... Y antes de pasar adelante, ¿es- que ahora ya Peneo no fecunda los campos? Dejadme en esos campos. Que fecuudó Peneo, En cuya reím orilla Se transformó Dafne. Allí do resonaron Les cánticos de Orfeo, T qtte engalana Ceres Con su dorada mies. No sé si V. sabe, Sr. Puga que todo eso de Ceres y de la mies dorada está ya mandado retirar, porque está muy traído y llevado, es decir, muy viejo. Pero en cambio de la mies, que ya no queremos que sea dorada, nos gusta ahora que sea dorada, y mejor todavía, que sea de oro, la sintaxis. Vamos, que sea fina, y no como la que emplea V. en esa estrofa. Dejadme Allí do resonaron Los cánticos de Urfeo, T que engalana Oeres ¿Qué es lo que engalana Ceres? ¿Engalana los cánticos de Orfeo? ¿Le parece á V. que esa sintaxis está buena, ni medio buena? No, seSor, no. Eso no está de paso. Para que los lectores lo entendiéramos, que es- lo menos á que puede aspirar un escritor en verso ó en prosa; para que los lectores lo entendiéramos, tenia V. que haber dicho: Dejadme... allí do resonaron los cánticos de Orfeo; allí en aquellos campos que engalana Ceres con esto ó con lo otro Pero eso de allí do resonaron los cánticos de Orféo, y que engalana Ceres... eso no es sintaxis, ni sindéresis, ni metempsicosis, niñada. ¡Vaya con el Sr. de Puga! La última estrofa dice: Allí todo es tranquilo. Y prosaico Digo, allí no sé si será todo prosaico; pero aquí, en los versos de V. sí; todo es prosaico. Bien se ve por la muestra: Alli todo es tranquilo, Y guarda la natura Eecuerdos de otros tiempos: Homero cantó, alli; Morada de los Dioses, Asilo de ventura, Do sólo Prometeo, líl sólo era infeliz I No, perdone V. amigo. Tan infeliz como Prometeo era Sisifo. Y tan infeliz como Sisifo por lo menos, es el que tiene que leer los versos de V. 8 Pues así como Sisifo tenia que subir la piedra á la montaña, y cuando estaba ya con ella cerca del alto, se le caía y tenia que volver á subirla de nuevo, así el lector de las estrofas de V. cuando está para concluir de leer una y cree que la va á entender, se confunde, se hace un lio, y tiene que volver á empezar á leerla, para no entenderla tampoco. Sirva de ejemplo la que acabo de copiar: Allí todo es tranquilo: Homero cantó allí; Morada de los Dioses, Asilo de ventura. Do sólo Prometeo. etc. Donde parece- que llama V. á Homero morada de los dioses y aülo e ventura, por llamárselo á Grecia. Vaya, Sr. Puga, que V. se alivie. ANTOKIO DE VALBUENA.