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¡PICAROS HOMBRES Para Paquita Colas, Los hombres nada merecen. ¡Qué groseros le pai- eoen, Y qué necios además! Ni el invierno ni el verano, Sale siempre muj temprano Con Rosita, su doncella. Después de misa, se van Por esas calles de Dios, I I pos Y regresan al hogar Trinando, con fundamento, Contra tanto atrevimiento Como hubieron de escuchar. I Sabéis lo que á medía voz Les di jo ayer un amigo? Pues pero no, no lo digo, Porque es una cosa atroz, Cosa que agradecerla Cualquiera de esas mujeres Amigas de los placeres, A que el demonio les guía. Mas causó tal impresión E n Paquita, qué, alterada, Se puso tan colorada Como un pimiento morrón. ¡Con qué saña. Dios clemente. Trata al sexo masculino! El que no es un libertino. De seguro es un demente. Y es que á Paquita le irrita Su atrevido proceder, Porque no ha una mujer Más pacata que Paquita. Como en ella no hacen mella Creyendo que es una flor. Seguidas de cien Cupidos, Van á esas tiendas lujosas Que encontramos tan odiosas Los padres y los maridos J- Para ella no hay hombres buenos Ni temerosos de Dios, Ni, es posible encontrar dos Bien educados al menos. Y no es que le gusten poco. Su inquina está en otra cosa: Enrque siempre está rabiosa Porquejes fea como el coco, Y nüpor casualidad; Se dirige nadie á ella, Sinoá Eosa, la doncella Que es nna preciosidad. ñ JüÁN PÉEEZ ZÚÑIGA. A