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RECUERDO DE LOS ALIJARES SA generación que (Jurante más de dos semanas ha vivido bajo la lona de la tienda cónica, es digna heredera de aquellas otras que allende los siglos se aprestaban bizarras, y fuertes entre las frondas de Galiana y los robledales 46 la Sisla, para dar, con su coraje y su patriotismo, en las exuberantes Navas de Tolosa. Eaza ingente, mezcla híbrida de ciencia y de ilusión, vedla cómo elabora y fabrica sobre los principios irrebatibles de la ttcnica, y deqnésuerte ensancha las esperanzas del sentimiento español. X Ha trocado la vivienda solariega y el comfort y sibaritismo de la opulencia ó de la iv. rgvesia, por la débil morada de tela, combatida, ora por el cierzo que rueda desde las crestas vecinas, ya por la lluvia, por la helada, por los rayos de un sol verdaderamente africano... Pero el o. lgeno de aquellos oteros, y los perfumes que escapan de vegas y selvas, han acerado su alma, elevándola, sonriéndola, agrandándola, como se eleva y ensancha y embellece la enseña mágica que cruje sobre el recio parapeto, pregonando la majestad de su pujanza y el ancho porvenir trazado por sus flotantes pliegues. Observando el esfuerzo, elsaber, la laboriosidadde esa juventud animosa, tan celosamente dirigida por sus maestros; notando de qué modo se afanaii iodos por rivalizar en trabajo y en diligencia, el ánimo se remoza y balbucea con orgulloso deleite aquel gallardo pensamiento puesto en viriles estrofas por el dramaturgo inmortal: Estos son. españoles. Alxora puedo Hablar encareciendo estos soldados Todo lo sufren en cualquier asalto, Sólo no sufren que les hablen altojí La vida de los aluranos en el campamento d s lijares, refleja y se atnolda al suelo y al ambiente eti que se desarrolla. La severa grandeza de la ciudad del Tajo, corona del mundo que la llamara el heroico Eegidor; las agujas góticas que juegan en el espacio y compiten con las torres mudejares y los torreones castellanos con sus recios matacanes y sus almenadas crestas; el rio, deslizando sus sonoros cristales ó arrojándose por abismos ciclópeos, llenando de bravas notas ajuel horizonte festoneado por los cigarrales de Mariana, de Medinilla, de Lope y de Sandoval; las huertas del Bey con sud voluptuosas tradiciones y el recuerdo de sus áaudas y de sus aguadores, descollando, sobre todos, el donairoso- asturiano con su clásico daca la cola, asturiano los monasterios asentados sobre planicies feracísimas, en donde las briznas de la fresca hierba cotnpiten con las florecillas olorosas, los tallos del romero y la hojosa mejorana... AHÍ veréis el imberbe cadete henchido de alegrías, rebosando ardimiento por sus diez y ocho primaveras: á veces, renegando de la brújula ó del coseno, y otras, de Napoleón y de César: ect ocasiones, luchando con un sendo teodolito que