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838 BLANCO Y NEGRO ifuTEE los agitados y terribles periodos de profunda perturbación j de rnda y dolorosa prueba que ha atrafesado la Iglesia i Católica, acaso ningún otro como el señalado por el famoso Cisma de Occidente No disponemos de espacio para dar siquiera ligerisima idea, no ya para hacer una pintura exacta de la triste situación de la Iglesia en aquella época, ni el hacerlo entra en nuestros propósitos y corresponde al carácter de esta Eevista. Como antecedente necesario parala relación del hecho que corresponde á la fecha de hoy, bástanos recordar que en los comienzos del siglo x v existían á la vez nada menos que tres Papas: Pedro de Luna, aragonés, que fué elegido por los cardenales de Aviñon, tomando el nombre de Benedicto X l l l y del que decía Gerson en el estilo pintoresco de su época: Sólo un eclipsede esa luna fatal puede devolver la paz á la Iglesia Ángel Conrario, veneciano, elegido por el cónclave romano, y conocido con el nombre de Gregorio XTT, y Baltasar Cossa, napolitano, sucesor de Alejandro V, que había sido nombrado en el Concilio de Pisa, después de haber destituido y excomulgado á Benedicto y á Gregorio. La historia de Baltasar Cossa, que tomi el nombre de Juan XXIII, es verdaderamente curiosa y novelesca. Descendiente de una familia noble, demostró en su juventud perversos instintos de dep avación y de desorden; aprovechóse de los bandos que en aquella época, agitaban la Italia, y dedicóse al oficio de corsario; pero dando después distinto rumbo á su ambición, dirigióse á Bolonia, y dedicándose á la carrera eclesiástica, pronto logró ser nombrado arcediano de la villa Bonifacio IX dispensóle su aprecio y protección; pero tal fué su conducta depravada, que Gregorio XII fulminó contra él una excomunión, de que, por cierto, hizo poquísimo ó ningún caso. Con estos antecedentes, no habiéndose hecho notar sino por su avidez insaciable y por sus violencias feroces, sólo se explica su elevación para el Pontificado, según varios autores, por haber intimidado á los cardenales rodeando el local donde se reunían por la soldadesca que favorecía sus planes y por la influencia decisiva de Luis II de Anjou, que le ayudó é impuso con interesadas miras. No hizo olvidar en el Pontificado aquellos o Mosos antecedentes; por el contrario, siguió cometí eudo nuevos desmanes y f ei- horias, hasta que el Concilio de Constanza llegó á ponerle? término. Cuentan algunos historiadores que Juan X X U I deseaba que el Concilio se reuniera en una ciudad italiana, á fin de ejercer sobre él su natural influeacia; pero el Emperador de Alemania, Segismundo, que era su enemigo, y que á su vez quería igualmente dominar el futuro Concilio desigaó la villa imperial de Constanza, y Juan X X U I tuvo que resignarse y ceder, viendo irremediable y cercana su perdición. Tristes presentimientos le aginaban; temía, con razón, que aquel Concilio, convocado para reformar los abusos del clero, podía comenzar las reformas por él; y cuando se dirigía á Constanza, detúvose un momento en lo alto de una montaña desde donde se divisaba allá en lo hondo la pequeña villa, y dirigiéndose á los que le acompañaban, exclamó, extendiendo el brazo derecho y señalando con el índice Allí está la trampa para cazar los zorros. E l famosísimo Concilio de Constanza se abrió el Ifi de Noviembre de 1414, presidido por el mismo Papa. César Cantú, hablando de este Concilio en su obra Los Heréticos de Italia, dice: Muchos príncipes, señores y condes intervinieron en él; se contaron hasta 50.000 forasteros, entre los cuales había 18.000 eclesiásticos y 200 doctores de la Universidad de París; con lo cual formaban un contraste notable 346 comediautes y juglares, 30.000 caballeros, y de esta suerte, entre lujo, torneos y desafíos, los profanos llevaban una vida alegre, mientras que los pialosos orabm y los dostos se prepxraban á las lides de lá dialéctica. Mr. Felipe de Bas, en su Historia de la Alemania, está conforme con las citadas cifras de cómicos y de juglares que, seg ín dice, había en Constanza para el servicio del Concilio pero respecto al número de forasteros, consigna el dicho de que llegó á haber ciento cincuenta mil extranjeros y treinta mil caballos Malparado debió ver el cuento Juan XXIIl, cuando á los pocos meses, temiendo por su libertad, se fugó de Constanza, ayudado por Federico de Austria, enemigo personal de Segismundo. La relación de esta fuga es sumamente curiosa. Kl Duque de Austria- -dice un historiador- -poseía en los alrededores de Constanza gran número de plazas fuerte que podían ofrecer asilo al Papa; en consecuencia, prometió Juan á Federico el destino Aegimfali- nero (portaestandarte) de la iglesia, con 6.000 ducados de pensión. El 20 de Marzo, Federico, para distraer la atención, dio, extramuros de la ciudad, un gran torneo, y mientras que todos estaban disfrutando de la fiesta, sahó el Papa de la ciudad y fué á Schoff hause; el Duque, que se hallaba empeñado en la liza, prolongó el combate hasta que aquél estuviera en lugar seguro, y cediendo entonces una victoria fácil, se apresuró á reunirse con él. De poco sirvieron la fuga y la estratagema. Federico fué atacado, vencido y despojado por el Emperador; el Concilio continuó sus trabajos bajo la presidencia de éste, y el día 29 de Mayu de 1415 pronunció la destitución de Juan XX II, que fué encarcelado en el castillo de Gottlieben (del Amor de Dios) precisamente donde el célebre Juan Huss, excomulgado y preso por él, se hallaba esperando sn sentencia. Segismundo encargó más tarde de su custodia al elector palatino, que le dio por prisión el castillo de Heidelberg donde fué tratado con grandes consideraciones. Después de cuatro aüos de encierro recobró su libertad, comprándola al elector por el precio de 30.000 escudos de oro. Hizo un viaje á Genova, desde allí se dirigió á Boma; presentóse al nuevo Pontífice que el Concilio hab a elegido, Martín V, y se echó á sus plantas reconociéndole como el único legítimo. Conmovido éste por acción tan inesperada, le perdonó, y le nombró Cardenal, Obispo de Frascati y Deán del Sacro Colegio; pero estas nuevas dignidades no le consolaron de su terrible caída, y murió de pesar, á lo que se dice, algunos meses después, en Florencia, el 22 de Noviembre de 1419. No faltan, sin embargo, autores que aseguran que su carácter turbulento infundía graves temores y era constante amenaza contra la tranquilidad de la Iglesia, por lo que un veneno anticipó su muerte. Don José María Díaz, un escritor del presente siglo, mucho menos conocido y apreciado de lo que merece, escribió un drama en cinco actos, titulado Balta, sar Cozza, que no sabemos si ha sido representado, y que fué impreso en el año de 1839. Para terminar estos apuntes con una nota amena, copiamos tres décimas del monólogo que pone en boca del protagonista en el acto segundo, cuando está esperando la decisión del cónclave que lo eligió Pontífice en Bolonia el año de 1410: Nací entre ricos blasones Y de noble calidad. Sobrados de antigüedad Mis ilustres escusones. Forcuna, no me abandones; Para tn rueda un momento. Verás que mi atrevimiento Ciñe cotona á mi frente, Má 5 pura y más esplendente Que ese sol del firmamento. Y no es gran cosa, á mi ver, Qae un pirata á la, cabeza Se la ciña, que altiveza Tuvo el pirata y poder; Y de generoso á fuer, Tal vez para su pesar. Plugo al pirata cambiar Por el trono soberano Del soberbio Vaticano, El vasto imperio del mar. Tiempo de gratas memorias Cuyo recuerdo me mata; Memorias ¡ay! de pirata, De afán, de amor y de glorias; Dulcísimas, ilusorias Todavía para mi; ¡Mal baya cuando os perdí Y al brillo de la ambición, El bien de mi corazón, Amistad y amores düu El refctatode Juan X X U I que va en la alegoría compuesta para este número por Gros, es copia del grábalo que se encuentra en la obra de Paminio Veronense, XXVIlPotitificem maximorvm. elogia et imagines, impresa en Eoma el año de 1568. TELLO TÉLLEZ.