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BLANCO Y NEGRO Con todo esto, hay temporadas en que al río, al ver lo que la gente se ríe de él, se le hinchan las nances sobre todo cuando empieza el deshielo ó abundan las lluvias torrenciales; saoa el pecho fiiera... del lecho inmundo donde reposa, y en confuso torbellino de aguas sucias, arrastra en su pasajera corriente cuanto al paso encuentra, inunda las márgenes de las riberas, arranca las bancas de las lavanderas, se lleva la ropa sucia y la que está tendida á la vergüenza, y va sembrando el luto y la miseria entre aquellas pobres mujeres, que, aunque metidas en la banca, no ganan apenas lo suficiente para conier, dando un jabón, aveces insuficiente, á las prendas más íntimas de los vecinos y vecinas de Madrid. P e r o tales furores terminan pronto, y todo vuelve á su primer estado, sin que en ocasiones haya nadie que pueda suponer á aquel arenal cenagoso el lecho de un río, y eso que los franceses publicaron en el Monitor vierto famoso parte realzando la hazaña de los soldados de Napoleón, que vadearon el Manzanares con los sables en la boca tal vez para que n o les entrara el polvo por ella. Sin embargo, hay quien opina que si los españoles fuéramos más amantes de nuestras propias cosas que de las ajenas, ese fementido arroyo podría convertirse en río n a v e g a b l e porque se asegura que las aguas corren tranquilamente por bajo de las a r e n a s y que la culpa de todo la tienen nuestros municipios, que hace siglos no se ocupan de limpiar su cauce. Hace poco se ha publicado una Memoria proponiendo la limpieza de una trayectoria parcial del río, para salubridad y embellecimiento de Madrid, y navegación á va- por. A h o r a sólo falta que el A y u n t a m i e n t o otorgue la concesión, y que podamos, darnos uri paseíto a bordo de algún steamer, y burlarnos de los que, desde que Madrid es corte, han estado burlándose de nosotros. Si esto llegara á realizarse, si por bajo de los arcos del P u e n t e de los Franceses atravesara en rápida carrera u n vaporcito como los que surcan el Sena, mientras por encima del puente cruzara á toda velocidad u n tren expreso, ¿qué dirían nuestros clásicos poetas del siglo de o r o y aquellas generaciones que se perdieron en el abismo de la eternidad, convencidos seguramente de que el M a n z a n a r e s (como la forma poética) estaba llamado á desaparecer? EicAKDo SEPÚLVEDA. Á LAS SEÑORITAS Ustedes habrán leido Periódicos extranjeros, Y aun periódicos de aquí, Que proponen, casamientos, Y en donde se ven anuncios, Verhigratín, por ejemplo: ün, muchacho de Chinchón, Con, veinte duros desueldo, Con buena, naturaleza, TPZ morena y pelo negro, Aceptará por esposa A, la que en debido tiempo, Al solicita r su niano, Lleve un dote mfedianejo. NOTA. -El novio que se anuncia Es bien formado de cuerpo, Habla un poco en andaluz, Y es bizco del ojo izquierdo. Señoras y señoritas, r Yo, en vista de todo esto, Me decido á que mis prendas Las sepan propios y ajenos. Empezaré por decirles Qw m- nralmiinte sov bueno; Mis acciones son acciones Dignas de los caballeros: FMcamitnte, señoras. Fijándose no soy feo; Tengo gracia natural, Soy simpático en extremo, Y hasta dicen por ahi i iQue tengo mucho- taíeníoíl Tengo una mala costumbre. Que francamente confieso, Y es que me levanto tarde, Que paso, el día en 1 lechó! iSeñoras y señoritas, Hay sus dudas sobre esto; Ha. y muchas ¡muchas I que opinan Que el dormir no es un defecto; Como dice Calderón, ATff. ii (ím rrehv hientfU Tengo un b ¡gote, señoras. Que no e- í ni rubio ni negro, Y tengo eJ maldito viéio. Señoritas, de mordérmelo; Y no me crecen las guías, Pero dagustó da verlo. Mis labios son dd coral, Y mis ojos son dos cielos. Y, en fin, los di entes. están Por el tabaco algo negros. Yo tengo el cuello de cisne (Vamos, tengo largo el cuello) Soy un joven desgraciado; Conque si á alguna convengo, Federico Boladera, Su casa, calle del ÍTresno, Catorce quintuplicado, Interior, piso tercero; Veinte golpes y repique, En el corredor vigésimo, De una ádos, á cuantas gusten Todos los días espero. MANUEL PASO.