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LA BfiTISE H U M A I N E Perdone el lector qne vaya en francés este epígrafe, por no existir fra e en rapteUano que traduzca con verdadera exactitud nuestro pensamieijto. yo ae trata aquí de ia bestialidad humana, ni de la barbaridad, ni de la brutalidad, ni siquiera de lia neceJad de las gentes. Lo que aqui va á co- mentarse es esa insuflciencia de juicio ó ligereza de concepci n que los fi- anceses llaman bé (ise y que casi todos los humanos reconocemos cuando al ejecutar cierta especie de tunterias, decimos con ingeniosa sencillez: i He sido un bestia! Se halla, efecti vara ente, poblada la vida de una p j C) 6 n de contrasentidos inexplicabies, así en lo físico como en lo moral. Procedemos de ordinario con una pauta ó fdlsiUa que nos da hechas multitud de ideas, sobre las cnales no admitimos óbf- ervación ni discusión á iiesar de su absurdo. Haceujos infinidad de cosas que, de pensarlas, nos producirían risa á nosotros mismos, y las hacemos sin saber cómo, sin saber por qué, y a veces sin taber cuándo. Nos ag- itamos, puede decirse, entre dos inñuencias: la peculiar de caoa uno, que es la más corta, y la general ó que comprende á todos, que es la más larga y la más ridicula. Un paseo, pnes, por las callea de la vida humana, parándonos á contemplar los rótulos que llamen nuestra atención, por descubrirse detrás de ellos alguna majadería notoria, es lo que va á constituir el extraño estudio que sin orden ni concierto y para periodos arbitrarios, emprendemos hoy con el título de La Mtise Humoine. T 1 í? i I 1 r I I 4 I i t l i r Ci I Si- s i 1 h I l 1l i 1 II II II I 1 I I I I II l l 1 I I I I Las mujeres no obtienen grandes cruces, y piieden usar toda clase de band i- no 7 u i f i. van á la guerra, y pueden colga: rse todasuerte de condecoraciones; no pertenecen á ningún Estado Mayor, y pueden empenacharse con todo género de plumas. Si un día se les ocurre vestir de capi-