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LOS ACTORES ESPAÑOLES JULIÁN ROMEA Es uno de los actores predilectos del público de Madrid. Educado (artísticamente) en la buena escuela, sostiene en el día la tradición del buen gusto, en medio de la depravación reinante. Dio sus primeros pasos en la escena al lado de Matilde Diez, Elisa Boldún, Manuel Catalina, Florencio Komea, Mañano Fernández y otros notables artistasque hoy ya pueden llamarse clásicos. Hombre de claro talento, instruido, culto y con facultades poco comunes, Julián Komea es el actor moderno por excelencia. Cultivador del género cómico, lia venido á probar que para producir la hilaridad y regocijo del público no es necesario- -como en lo antiguo- -vestirse anaorónieamctite, ó á capricho, y salir á la escena como es totalmente imposible salir á la calle sin correr el riesgo de ser apedreado. SI graeioso de antaño era más bien un payaso que un actor, no sólo por el modo de vestirse, sino también, y priiicipálmenle, por su manera de hacer; -el saber ftiar, que decía un traductor al uso. Hasta hace poco he visto, con sorpresa, en algún teatro de M adrid def nrande la persona del granoso- -con mucho contentamiento del público y de los chicos- -sombreros y casacas y trajes completos qne no se han llevado nunca y que dudo se lleven en lo porvenir. El actor moderno- -y Eomea es uno de los mejores- -no se cuida de provocar la risa de su auditorio con el traje; triunfo, en verdad, poco halagador para un artista de mérito real y positivo. Porque una cosa es extremar la moda presente, ó sacar un traje pasado de moda al representar un tipo original ó extravagante, y otra cosa vestirse á capricho, inventando hechuras y buscando colores en la esfera de lo absurdo y de lo desconocido. Julián Eomea no ha caído nunca en ese defecto. Su fisonomía expresiva (tiene cara de actor, según el argot de bastidores) su distinción natural, su gracia espontánea y su fino talento, producen siempre sobre la escena el efecto apetecido. Julián ha entrado en el teatro por la puerta grande, y una vez dentro, tiene más recursos y más medios de defensa que la mayoría de sus compañeros. Compone música, escribe comedias, toca el piano, cauta- -si no con grandes facultades, con gusto y afinación, -y posee un caudal de conocimientos que le permite interpretar, con verdad pasmosa, una variedad infinita de tipos y caracteres que parecen propiamente arrancados del natural. A más de sede familiares casi todos los dialectos españoles- -lo cual es una ventaja inapreciable para un actor cómico, -habla francés, italiano, portugués y llegará á hablar, si se lo propone, basta el idioma de los ingleses Dentro de aa teatro, menos para tirar del telón- -que á eso no creo lleguen sus fuerzas físicas, -sirve para todo. Entrando en otro orden de ideas, diré que tiene pasmosa facilidad para aprender cuanto se propone. En cierta ocasión, actuando en el teatro de la Comedia, iba á representar un músico que tenia que saKr á escena tocando un violín. E n el teatro, cuando llegan estos casos, un músico de verdad toca, entre bastidores, el instrumento que el actor simula tocar en escena y á la vista del público. A Eomea no le rtisu Itaba ese convencionalismo, y desde la fecha en que principiaron los ensayos, hasta la noche del estreno, aprendió á tocar el violín, sin más profesor que su buena voluntad y sus felices disposiciones para todo. Por el rsúsuíoprocedimiento aprendió á pintar; y si bien al principio no hacía más que manchas (en el sentido formal de la palabra) logró, por último, hacer retratos algo parecidos, y hasta algún paisaje regular. Espíritu inquieto y mudable, con la misma facilidad que se entusiasma se desimpresiona. Pone todo su anhelo en conseguir una cosa, grande ó pequeña, importante ó baladí, necesaria ó superfina, y, una vez conseguida, se hastia de ella y la abandona con la mayor indiferencia. En cierto sentido, so puede decir de él lo que de Hartos. en la esfera de la política: Sólo es consecuente en la inconsecuencia. Correcto en su trato y eu sus maneras, tiene, sin embargo, algunas incorrecciones de carácter que le perjudican. Tozudo, como buen aragonés, se empeña algunas veces en cosas imposibles; y dado el primer paso, aun conociendo la imposibilidad de seguir, no retrocede en sus empeños ni hay elocuencia que acierte á convencerle.