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Novedadl- -dirá alguna persona. Apenas se ha escrito con ese asunto y variaciones sobre el tema del acto transcendental de afeitar ál prójimo! Si, señores, se ha escrito mucho y bueno, y aun algo barato. Desde Metascón, iariern y comadrón, hasta El Sarbero de Sevilla, j desde la verdadera historia militar, política y bufo monárquica del Bey Midas, hasta El Baiieñllo de Lavapiés, se cuenta por centenes el número de barberos que han sacado á escena los autores cómicos, dramáticos y lineo r en libros y en artículos de costumbres encontrarán ustedes más barberos que longanizas. Pero nunca bien ti atados, nunca con justicia y atención á su merecimientos. Por otra parte, no es hoy el cuerpo de barberos lo qtie fué en años pasados, lo que fué en la infancia de la humanidad. Como no son las demás corporaciones é institutos, sombra de n que fueron. Todo adelanta, todo progresa, menos la escultura monumental en España, que se detuvo en Madrid en la Cibeles. Y siempre se encuentra algo nuevo que decir en varios asuntos, aunque se diga mal. JSn todas las clases, en todas las especialidades de la actividad del hombre y de la mujer, hay casos particulares. Casos patológicos que dicen unos eruditos. Psiquico- neurósicos que apuntan otros. Cacoquímicos en opinión de los más sabios, de los que y a se van del seguro. No se me olvidará, mientras viva para mi patria y para mí aquel día. Y desde aquel día he visto amanecer, 6 lo he sabido de oídas, y atardecer y anochecer, y me he dedicado á desayunecer ó desayunarmecerme y á (i almorcer y á merendecer y á comer, algunas veces. Entré en una barbería con la cara en barbecho y el corazón henchido de esperanzas; porque, bien afeitado, no soy feo, y contaba con salir limpio y simpático á mis ojos. Lo primero que vi fué un cuadro dramático, al parecer.