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306 BLANCO Y NEGRO recorría los templos, ó se dedicaba á la oración según testim inio de sii mismo amo, Ivan de y cómo en cierta ocasión pidióle éste agua donde no la hab a, y él, nuevo Moisés, hiriendo un peñasco con su ahijada, hizo brotar a fuente que aun hoy se con- erva al lado de su ermita, y cuya agua es tan milagrosa según la inscripción allí grabada, que San Isidro asegura Que si eon fe la bebieres Y calentura trujeres, Volverás sin calentura. A irtud medicinal y salutífera, probada, entre otros muchos, por Felipe 11, á quien, siendo principe, devolvió la perdida salud; beneficio á que corre. -ipondió su madi e la emperatriz Doña Isabel fundando en agradecimiento la susodicha ermita Todos animismo sabían y relataban cómo habla resucitado algunas bestias de otros pobres labradores; c mo un dia. para dar de comer á u os pajai illos hambrientos por causa de las niei es, vertió en el campo el pjco grano que llevaba, y al llegar al molino encontróse los sacos repletos; cómo, celoso de su santa esposa María de la Cabeza por instigaciones de la malediceucia, acudió á sorprenderla en sus supuestas distracciones con los pastores del Jarama. y al verle aquélla desde la opuesta orilia esperando la barca, tendió la mantellina sobre las aguas, y poniendo los pies en ella, pasó de la otra parte con más fácil movimiento que un blanco cisne como dice Lope de Vega en su Brete suma de la vida de San Isidro. Después de su muerte acreció la fama de su santidad, y no faltaron nuevos milag: OS y nuevos prodigios, á los que e 1 pueblo asociaba el nombre venerado del Santo. El pastor que se presentó y guió á Alfonso VIII la víspera de la batalla de Lan JS acaH. daban todos por cierto que había sido San Isidro; el día en que el cuerpo incorrupto de éste fué trasladado de su primer sepultura á la iglesia de San An lrés. las campanas habían repicado solas; cada sábado, durante algunos meses, cuando éstas tocaban el Am his, un ángel encend a la lámpara de su sepulcro; la sequía terrible que sufrió Madrid á fines del siglo xiv, había terminado felizmente apenas sacaron en procesiiin aquel sagrado cuerpo, al que siempre se acudía con seguro buen resultado, en las rogativas públicas, para lograr el términode epidemias y d cii am! dades Todos los reyes de Castilla mostraron veneración ferviente al Santo Labrador, á quien recurrían, así como el pueblo, en sus adversidades para pedir remedio, y en sus desdichas para pedir consuelo, yendo unas veces á la capilla para ver y adorar su cuerpo que entonce era descubierto con pompa y ceremonia particulares, haciendo otras que fuera trasladado á palacio en pública procesión, y llevado á los reales aposentos, especialmente en las tiibulaciones de nacimientos, enfermedades y muei tes. Felipe III, que con mayor empeño ó con mejor suerte hab a conseguido que el Pontífice Paulo V expidiese en 14 de Junio de 1619, en Santa María la Mayor de Roma, la Bula de la beatiñcación de San Isidro, con grandísimo regocijo de la Corte y del pueblo de Madrid, regre sabt de su jornada de Portugal para asistir á los festejos dispuestos con aquel motivo; pero tuvo que detenerse en Casarrubios, atacado repentinamente por dolencia mortal, que se agravaba por momentos. La noticia de la enfermedad y de los temores que inspiraba, produjo emoción genera y se decidió, como recurso supremo, llevar en procesión á Casarrubios el cuerpo del Santo Patrono. Con pompa inusitada- -dice un historiador salió de Madrid aquella singular rogativa, en que así los cortesanos como la gente del pueblo pedían públicamente á Dios el restablecimiento de D. Felipe: los pastores y vecinos de los lugares inmediatos, por donde pasaba, encendían al anochecer grandes hogueras que, distribuidas á trechos por el camino, consentían á la devota comitiva proseguir su marcha, llegando á Casarrubios después de siete ho) as de fatiga. Colocada el arca junto al lecho del enfermo abiióla el Vicario de Madrid, é incorporado el Bey be- ó con viva devoción aquella veneranda reliquia, iniciándose desde luego tan frauc, mejoría, que á los pocos meses los médicos le declararon fuera de todo peligro. No hay para qué decir cuánto sirvió este hecho para aumentar la devoción y el entusiasmo del pueblo de Mad id, y cuánto contribuyó á c ar más esplendor y lucimiento á las fiestas prepara las, y que se celebraron, com dicho queda, el día 1.5 de Mayo de 1620, en la Plaza Mayor, que por orden del citado Rey se había construido y terminado pocos meses antes, después de haber demolido la vieja, que estaba ruinosa, siendo este el primer suceso histórico á que sirvió de teatro la nueva. Mesonero Romanos, -en su obra fc í antignn Madrid, describiendo aquellas fiestas, dice que se juntaron en Madrid los pendones, cruces y cofradías, cleréC as, alcaldes, regidores y alguaciles de 47 villas y lugares, formando una procesión en que se contaban 1.5 fi estandartes, 7o cruces, 19 dan as y muchos ministriles, trompetas y chirimías. El cuerpo del Santo fué colocado en el arca de plata que hicieron y donaron los plateros de Madrid; y habiendo venido el Rey y su famrlia desde Aranjuez, hubo danzas, máscaras, juegos y encamisa los por espacio de seis días; en la plaza se armó un castillo con muchos artificios y fuegos, que se quemó por descuido, terminándose la función con un certamen poético para nueve temas que propuso la villa, al que cancurrieion los más esclarecidos ingenios, y del que fué secretario el célebre Lope de Vega, que después lo publicó. Refiriéndose al desdichado incidente de los fuegos, leemos en la Historia de la villa y corte de Madrid, que, incendiadas acaso las nuevas construcciones, fué tal el estrago producido en pocas horas, que se calcularon las pérdidas en más de 4 000 ducados. La urjia dé que antes se habla, y que donó al Santo el gremio de plateros, e- i de oro, plata y bronce, y aunque adolece del mal gusto de la época, es de gran valor, pues sin contar las hechuras, costó lli.OOO ducados. Dentro de esta urna se halla la interior, de filigrana de plata sobre tela de raso de dvq, q. ue fué regalo de la reina D. Mariana. Dos a üs despúés, á lg de SIarzo de ir 22, el Papa Gregorio XV canonizó solemnemente á San Isidro Labrador, á la vez que á San Ignacio de Loyolá, á San Fran í i0 ó, javier, á San Felipe Neri y á Santa Teresa de Jesús. Madrid celebró la canonización de su Santo Patrono el domingo 19 de Junio de aquel año. Por ooincideno a notable, semejante á otras que ya en varias ocasiones hemos apuntado, el 19 de Junio es también mwiyo este a l o de 1892, día, por tanto, señalado para la publicación de BLAXCO Y NEGKO. En el número corre pondiente daremos noticias curiosas de aquellas otras fiestas, que fueron aun más solemnes y memorables que las anteriores, pudieudo considerarse la efemérides de aquel dia como natural continuación y oportuno complemento de la de hoy. TELLO TÉLLEZ. KOT. í a estampa íjue representa á Saii Isiáro orando, y íoriña parte de la alegoría dibujada por el Sr. Gros para este número, es copia de un aguafuerte original du Goya.