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-P r u n t a b a una noche Doña Antonia: É n donde venden agua de Colonia? Y le dijo uníseñor dejCastro- Urdiales: ¡E a las tiendas de frutos coloniales Í jPor qué la quieres querer, Imbécil corazón mío, Si estas harto de saber ue siempre se halla el hastío la vuelta del placer? -tJU- o- Son adorables las inocencias del abril de la mujer... Los quince años gastan mucho de confiarse sas secretos al oído, ¡sin caer en la cuenta de que su corazón está siempre hablando á vocesl Como nubes en el cielo, Dadas en el alma nacen; Cuando son celos las dudas, Las nubes son tempestades. ¿Z- C A ESTUDIO PáRA LA IGLESIA DE SAN mANCISCO EL GRANDE. -Casto Plasenoia. jSon mentiras los placeres? Pues accede á mi deseo: Haz tú como que me quieres, Y haré como que te creo... ¡Yo estoy muy mal, Nioanorl- ¡Ifues yono estoy bien, Severo! ¡A mí me embarga el dolorl i Y á mí embarga el casero. Que es muchísimo peorl Yo dudé que bajaran á la tierra Los ángeles del cielo; Te vi salir ayer de mañanita Y de haberlo dudado me arrepiento. Sólo tengo envidia de los antiguos cuando pienso en que usaban sandalias y no conocían la camisa almidonada ni el sombrero de copa. Un drama escribió Pepe, Y, al acabar el drama. Cayó el telón de boca Y el público de espaldas. Tal peso el genio tiene. Que por no ver los orbes desquiciados, Por cada genio que á lá tierra viene Nace un millón de tontos rematados. í fe CL IftíT A MI HIJO ¡Ángel mió, mi vida, mi consuelo. Desde. el día espantoso de tu muerte Comprendo el ansia de ganar el cielo. Por la esperanza de volver á verte! ¿l w- tO En el casino Eamón Encontró á Juan, y le dijo: -Dime ¿qué hace ahora tu jiijo? -JJuestra desesperación. LA EDAD ANTIGUA E n estos tiempos de socialismo Muchos bendicen aquella edad, Y entre el torneo y el nihilismo Yo digo: Cuánta barbaridad! iv i U S I nMACOEES. -José i. Arauda.