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Un sujeto, procesado en Paiis por no sé qué delito, ha nombrado defensor suyo á á una señorita. ¡Guapa ella! ¡Claro está! J l bribón del procesado ha dicho: iSeñorita, me echo en biazos de usted! ¡Me dan á mí ganas de cometer un delito! En París han condenado á un conde á diez años de trabajos forzados. ¡Vamos! que le h a s puesto la corona ea los tobillos. ¡Ni más ni menos! tarnos, infestan con malos olores las aceras de Madrid. En algunas casas tienen ya los criados orden de no dejar pasar á las visitas que huelan á ácido fénico y cloruro. La salsa de esta disposición, es que los desinfectantes resultan ineficaces si viene una epidemia, porque lo que aquí ni- cesitamos no son desinfectantes, sino hmpieza. Pero el Ayuntamiento entiende las cosas al revés. En vez de limpiar las cuadras, las riega con agua de Colonia. Y resulta ¡claro! ¡que no hay quien resista tanto perfume! Que resultó silbado Ue una manera atroz. Ahora los que le. dieron El banquete á Morera, Dicen: ¡Vaya una gracia! ¡Eso lo hace cualquiera! En fin, que mientras haya En España anarquistas, Alguien hará negocio, ¡Al menos los fondistas! ¡Qué cosas averigua uno ahora que se hace viejo! Leo lo siguiente: En el siglo xv no se servían de vasos de cristal para beber, sino en las fiestas solemnes. Y cuando no era fiesta solemne ¿bebiaa en cubo? ¡Ya! ¡vamos! ¡De ahí vino la invención del botijo! Un telegrama de Nueva York, dice: Ha habido siete tentativas de incendio. Se han quemado quince casas. ¿Y á eso le llaman tentativas? ¡Pues vaya una manera de tentar! Las escuelas de Mondáriz han sido cerradas por orden superior, á consecuencia de la epidemia variolosa. Era lo que les faltaba A los maestros de escuela; No cobrar y echar la culpa A la picara viruela. Viendo Las Vengadoras Qué buen rato he pasado! Cuánto aplaudí esi noche! Aun me duelen las manos! Es Selles un sujeto Por quien siento entusiasmo! Las plumas que él desecha Quisieran más de cuatro. ¡Y que hombre de tal mérito, A veces le veamos Gobernando provincias Como si fuera un Sancho! Escriba usted comedias, Entregúese al teatro, Y ceda las insignias A Perrín y Palacios. ¿Conque la Judit de Welp Eesultó una atrocidad? Créame usted que lo siento. Mas no lo puedo llorar. Madrid es un gran estómago, Según dijo Guimerá, Y siendo comidas fuertes Los dramas en catalán. No podemos digerirlos. Pues ¡paciencia y barajar! ¡Afortunadamente La cosa va que vuela! Dentro de pocos días Tendremos carabela! No me cabe en el pecho Tan inmensa alegría, Desde que sé que botan A la Santa Alaria. Ahí va una noticia: Hoy, á las ocho de la noche, celebra junta general en el café Nacional la Sociedad protectora de expendedores de pan á domicilio. ¡Caramba! ¿Y había una sociedad protectora de eso? Si lo hubiera sabido antes, me meto á eso. Porque comiendo pan no encuentro quien me proteja. Por cierto que leo lo siguiente: Se han dictado las órdenes más terminantes para que la carabela Santa María quede lista para navegar tan pronto como caiga al agua. ¡Hombre! ¿Y por qué no antes? Las cosas, ó hacerlas ó no hacerlas. Un periódico se queja ¡t o m a! ¡la misma Correspondencia! de que los agentes del Municipio, so pretexto de desinfec- Si no han comprado ustedes el periódico titulado Córdoba, que cuesta una peseta, y se destina á socorrer á los infelices cordobeses victimas de las inundaciones, no tienen ustedes perdón de Dios. Ó dicho de otra manera: El perdón de Dios sólo cuesta una peseta. ANDBÚS CÓBZÜELO. Ya concluyó el saínete De Felipe Muñoz,