Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BLANCO Y NEGRO 279 La santa maternidad redimió á la mujer sin otras armas que la paciencia y el dolor, la dulzura y el cariño su imperio fué el hogar, como el del hombre había sido la plaza pública, y desde aquel modesto rincón, ejerciendo su legítima influencia, nos hizo esclavos de sus brazos, convenciéndonos de nuestras injusticias con la persuasiva elocuencia de las lágrimas santificada por Jesucristo, dignificada por el progreso, la mujer ha sido y es nuestra soberana, la fuente de nuestra inspiración, el premio de nuestras victorias, la dulce compañera de nuestros padres y la madre de nuestros hijos. Pero su fortaleza, que arranca de su misma debilidad, corre peligro de desvanecerse si esta última se pierde. La mujer. nos vence con sus brazos, pero siempre que éstos no manejen mortíferas arma nos persuade con su dulzura, pero no con sus amenazas; nos arrastra con su zalamería, pero no con sus bastonazos. De todas suertes, la intranquilidad que se ha apoderado del hombre es justísima, habiendo llegado á mirar con desconfianza al sexo que antes constituyó su encanto. ¡Quién sabe si esas hombreras que hoy gastan las señoras no estarán hechas para gastar puñales ó navajas! ¡Quién es capaz de asegurar que la voluminosa mamá que apenas puede moverse, no llevará bajo sus grandes protuberancias algún trabuco naranjero! Joven tímido conozco, que no consentiría hoy acercarse á una muchacha si no sé le permite previamente examinar si esconde ésta algún arma prohibida; otros que para dirigir un requiebro se hacen acompañar por una pareja deL Cuerpo de Orden público, y hombre previsor que nó acude á una cita amorosa sin dejar antes escrito su testamento y dirigidas las cartas de rigor al juez de guardia y á su familia. Todo esto me parece exagerado; pero, como simple medida de precaución, no estaría de más, ya que las señoras mujeres han entrado en la moda de los revólvers, que nosotros aceptásemos siquiera la de la cota de malla ó peto y espaldar de acero por lo que pueda tronar en las contingencias amorosas de la vida. M. OSSORIO Y B E R N A R D EL I. DE MAYO. -PREOCUPACIONES