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EPISODIOS HISTÓRICOS DON JUAN DE DIOS PANCORBO JA En la memoria de toáoslos españoles persevera el funesto recuerdo del Dos de Mayo de 1808 en la villa y corte de Madrid. Seria ocioso describir los trágicos sucesos de aquel glorioso pero aciago día, por lo cual me limitaré á narrar un acontecimiento, tal vez desconocido para los que me lean, pero que puede constituir una página jocoseria de la historia del Dos de Mayo. Don Juan de Dios Panoorbo, rico hacendadc, que tenía su residencia en las cercanías de Aranjuez, hacía años que sostenía un pleito en Madrid, y para aclarar ciertos pormenores, le llamó con urgencia su abogado, D. Francisco de Paula Naranjo, que vivía en la calle de la Luna, número 14. Acudió el cliente presuroso, montado en su muía; y como era costumbre en aquellos tiempos, colocó sobre el aparejo redondo su manta, sus alforjas, y al lado diestro colgó su escopeta cargada para hacer frente á los bandoleros que le saliesen al encuentro. Llegó á Madrid el día 27 de Abril; apeóse en la casa de su abogado, que le dio posada porque eran amigos antiguos. Le sorprendieron los sucesos del Dos de Mayo, y el hacendado Pancorbo no se movió de su posada. Terminado el combate entre franceses y madrileños, obedeciendo aquéllos las órdenes de Murat, registraron las casas donde sospechaban que podían existir armas de fuego escondidas. Registraron la casa núm. 14 de la calle de Luna, y toparon los investigadores con la escopeta de Pancorbo, el cual, obrando caballerosamente, no negó la procedencia del arma; pero esta leal franqueza dio por resultado que le atasen codo con codo y le condujesen á la Casa de Correos, donde se hallaba constituida una comisión militar, que hacia oficios de tribunal de guerra. Pancorbo no ignorabn que le habían de sentenciar á muerte, á pesar de las protestas que hizo su abogado de 3 U inocencia y de no haber hecho uso de la escopeta contra los franceses. Presentáronle ante el tribunal. Panoorbo se defendía con manifestaciones acaloradas para demostrar su inculpabilidad; pero sus jueces no sabían español, y únicamente se fijaban en la escopeta cargada como cuerpo de delito. Entre los individuos del Consejo había un oficial italiano, que comprendió lo que Pancorbo decía, y procuró explicar á sus compañeros las afirmaciones de la víctima; pero los jueces ensordecieron á la voz del suplicante, y Pancorbo fué condenado á muerte.