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i L réinaio infelicísimo del imbicil monarca Carlos l l el Itcehizado, ofrece una larguísima y lamentable serie de torpeza, s y desastres, de escándalos é intrigas, de miserias j calamidades. La decadencia rápida é incesante de la dinastía austríaca que llegó á su mis miserable estado desde que ciñó la corona aquel hipoconiriaco rey, ha sido pintada, con gráfica exactitud, por un antiguo escritor francas en esta ingeniosa frase: Carlos I fué empera ior, rey. general y hombre; Felipe II, rey y hombre; Felipe III, rey á veces Felipe IV, sólo hombre en ocasiones; Carlos IT no fué jamás ni rey ni hombre Las armas españolas, que en el reinado glorioso de Carlos 1 habían paseado triunfantes y orgullosas por toda Europa, en el reinado funesto de Carlos II sufrieron vergonzosas derrotas en Fortiigal y en Alemania, en Italia y en Flandes. en Navarra y en Cataluña; la Administración, pública, presa de la corrupción, de la inmoralidad y del descrédito generales, se convirtió en tráfico indigno y en repugnante granjeria, aun para las mujeres de los Ministros, los cuales, especulando con la miseria pública, calan antes por rapaces que por ineptos; la Literatura y las Bellas Artes, que en los reinados anteriores habían alcanzado esplendor grandísimo, contagiadas después por el gasto depravado que en todo dominaba, descendieron á un estado miserable de completa decadencia; en la Corte, donde sólo imperaba el favoritismo y la superstición, ea el palacio de los Reyes de Castilla, convertido en semillero de escándalos frailunos y de intrigas mujeriles, al decir de un respetable historiador, se había extinguido todo sentimiento de dignidad y toda idea de pudor; las repetida- fiestas p ilatinas en que se derrochaba, sin reparo, el oro que venia de las Indias, formaban contraste singular con la miseria espantosa que afligía al pueblo, el cual mauiEes aba su disgasto unas veces con coplas satíricas, pullas y chanzonetas, y otras con gritos y tumultos sediciosos; los campos y aun las poblaciones estaban llenos de bandidos, y como complemento de este cuadro de desdichas y de vergüenza la peste se extendía por media España y las inundaciones y los huracanes arruinaban la otra mitad. La musa popular se hacía eco del descontento público en coplas por este estilo Bey heciLizado, Heina traidora, Pueblo cobarde, Grandes sin honra, en tanto que la mis calta lamentaba, el estado de los apuntos públicos en composiciones como el siguiente soneto, que es digno de ser leído: lOh, España, madre un tiempo de victorias, y hoy irrisión de todas las nacionesl ¿Qaé se han hecho tus bélicos pendones, Que aun de su orgullo faltan las memorias? ¿Quién ha boiTado tus augustas E lorias, Siendo toda proezas y blasones? ¿D. nde están tus castillos y leones Que dieron tanto asunto á las historias? Ya del todo te ves desflgarada, Sin providencia, sin valor, sin leyes, Ni quien te mire, como madre, atento. Todo 68 llanto; la culpa entronizada, Y faltando los reyes á sus reyes, También falta razón al escarmiento. Para sacar á España de situación tan penosa y librar al Erario de los apuros que le creaban las dilapidaciones y los hurtos, sólo se ocurría á los Ministros y á las Juntas lo que desgraciadamente suele ocurrirse en casos análogos. Se recargaron los derechos de puertas y aduajia, s, se rebajaron los sueldos de los empleados, se dejaron de pagar mercedes, viudedades y juros; se impuso por dos años seguidos un fuerte donativo forzoso á todo el reino, sin excepción de personas, y se alteró el valor de la moneda. No es extraño que esta situación insoportable y estas medidas inconvenientes dieran ocasión á frecuentes disturbios y á motines populares como el que recuerda la fecha de hoy 1. DE MAYO, que es, por notable coincidencia, la señalada en estos últimos años para la gran huelga anual de los obreros socialistas. Era en aquellos tiempos primer Ministro el Duque de Medinaceli, quien creó una Junta magna para entender en los negocios de Hacienda, de la que formaban parte- ¡oh acierto singular, tantas veces imitado! -tres reípetabilísimos teólogos. Un comerciante presentó á la Junta una proposición beneficiosa para aumentar las rentas Keales con alivio de los pueblos, y el pobre recibió, en pago de su proyecto, una paliza que le dieron unos enmascarados, y que en poco tiempo le costó la vida. Súpolo el pueblo, y se amotinó, durando varios días el alboroto, sin que las autoridades, débiles, pudieran reprimirlo, ni el Sey, atemorizado, se atieviera á salir de Palacio, hasta que la sedición acabó por cansancio de las turbas. La alteración en el valor de la moneda y la nueva tasa de precios ocasionaron nuevos disturbios, apenas apaeiguado aquél, tomando éstos carácter mucho más gra, ve por haberse retirado lo. s panaderos, quedando Madrid un día sin un pedazo de pan. E n estas circunstancias fué publicada una pragmática rebajando considerablemente el precio de cada par de zapatos; pero los maestros y oficiales de obra prima, que jior lo visto sabían dónde les apretaba el suyo reuniéronse tumultuariamente en la plaza de Santa Catalina de los Donados, donde vivia el l residentede Castilla, dispuestos á hacerle saber los puntos que calzaban) ü n alcalde de casa y corte, que quiso dominar el motín con amenazas y alardes de fuerza, á poco encuentra la horma de su zapato si no pone pies en polvorosa, y la cosa hubiera concluido a metiendo los zapateros en un zapato á los gobernantes, si el Presidente de Castilla no hubiera aplacado los ánimos dando la razón á los alborotadores- -que eran nada menos que cuatrocientos- -y no los hubiera autorizado para vender sus zapatos á como pudieran. Sosegados y contentos con esta concesión los zapateros, se retiraron tranquilamente á sus tiendas, dispuestos á aprovecharse de ella y á ponerse las botas con los parroquianos. XBLLO XÉLLEZ.