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A. f, úi k c: 7 íjril (CAPRICHO DE FERIA) 1 Parece que celebras las fiestas de tus bodas Con. el Abril florido. hevilla esplendorosa. 3 a tieria resucita para besar tus formas. (recen los verdes trigos para ofrecerte alfombra, Irisanse las nubes para prenderte locas, y el limonero cuaja tu- virginal corona. Ve galas revestida, la fiesta religiosa omienza, de tus nupcias, en las iglesia todas, Y á presenciarla vienen de la galante Europa Heres de opuestas razas y de distinto idioma, li ial que si de nuevo al pie de la vistosa (iiralda se fundieran, en confusióji caótica, Tjas lenguas primitivas que dispersó orgullosa Desde su antiguo asiento la torre filológica. ¡Qué bien llevas. Sevilla, los ve os que te adornan! Arrastras eieu jardines por deslumbrante cola. Y el río que te cruza, la banda es en que borda D US legendarios timbres la mano de la Historia. Hijo del Mediodía; Abril. lleno de rosas, Tu desposado amante, entre agitada tropa De pájaros inquietos y leves mariposas, í- obre doi- ado esquife avarza por las ondas, Y alegre desembarca con su ligera escolta. Risueño entre sus manos las tuyas aprisiona, Y hacia el altar te lleva comoá elegida esposa. Para mirar la fausta divina ceremonia, Al bmde de sus nidos asómanse las tórtolas, 1 a flores en Ins tallos se alargan temblorosas, Y está, al sublime rito, naturaleza absorta. Oada lujosa iglesia saca á lucir sus joyas, ¡Sus roi) as admirables, sus vírgenes piadosas Ante tus ojos pasan, y cesa de tus bodas La fiesta, con los cantos magnificos de gloria. ¡Qué de lances gustosos el prado enhebra! ¡Cómo el sol en los trajes brilla y se quiebral Nadie entre tanta gente reposa ó calla. Y el cuadro finge el lienzo de una batalla. Con Abril, los honores hacer te teca; Pon tu risa más fresca sobre tu boca, Y en las pupilas negras, donde está el día, i rayo más brillante de Andalucía Admira á los extraños con tus costumbres Y mátalos á un tiempo de pesadumbres; Bririda á los escultores con tu escultura. Encanta á los pintores con tu pintura, Da al miisioo canciones en tus cantares, Y al vate el dulce ritmo de tus andares. Los crótalos repica, bebe una caña, Y baila, como sabes. reina de España. ¡Qué bien, mientras agitas los sueltos brazos, Vas dejando las almas hechas pedazos! ¡Cómo el talle gracioso ligera ondeas, Y lo elevas, lo inclinas y lo cimbreas! ¡Qué bien mueves las borlas de e a mantilla! ¡Ole por mi morena! ¡Viva Sevilla! SALVADOR E Ü E D A II Lue o el t u l velo leve de tu mejilla, Cambias, suelta y alegre, por la mantilla, Del pelo haces rodete de ciea ramales, Clavas en él capullos de tus rosales, A tu estatua lozana, de boca fresca, Ajustas la preciosa falda goyesca, Y repartes en rayos por tu figura La gracia modulable de tu cintura. No eres la tosca chula dicharachera Desenfadada diosa de sucia acera. Tú ejercitas la experta sabiduría. Sabes latín y griego filosofía. Pintas con las paletas de tus pintores. Discurres con la ciencia de tus doctores. En cada piedra grabas una leyenda. De amor en cada pecho dulce contienda, Y tras cada arabesco de celosía Dejas hecha con flores una poesía. Ya en la feíia te esperan los convidados Formando miles grupos desordetiado- t, Qae después de una boda, moda es de España Echar vino en la airosa luciente caña.