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NOVELAS RELÁMPAGOS LA MESA DE PETITORIO 4 Á ti, mi- qneridísimo Enrique, no te envió invitación oficial participándote que pido para los pobres, de tres á cuatro, en San Ginés Tú eres t ú conozco tu buen corazón, sé lo que me adoras, y sin rodeo ninguno te digo: Señor mío, su Clotilde de V. se ha propuesto dar esta semana un regular socorro á los pobres, y en esa limosna no puede faltar el óbolo de su estudiante, que tau nobles sentimientos tiene. Si, mi Enrique, cuento contigo en primer término... Aparte de lo que mamá me conceda, yo pongo todos mis ahorrillos Tu dinero y el mió irán, pues, juntos como lo están siempre nuestros corazones Conque ya lo sabes: üe tres á cuatro en San Ginés Para más sefias, la mesa se tallará situada, entrando por la calle del Arenal, á la derecha Adiós, mi vida Me llaman Ha entrado una visita. Tuya siempre, siempre. -CLOTILDE. Se conoce que cuando me escribiste tu última andabas muy de prisa, porque no has empleado más que tres carillas y media Adiós n Pues señor, me lo estaba esperando. ¡Valiente compromisol Es claro Pidiendo ella para los pobres, yo debo ser el primer contribuyente Nada más natural... ¡Pero lo malo es que no tengo un céntimo, cosa que la buena Clotilde ignora! Juzga por las apariencias, me ve con mi flamante gabán azul y mi chistera, asisto á los teatros á que va con sus padres, y lo menos me ha tomado por un marqués presunto No sabe la infeliz que la ropa la pago á plazos, que la butaca me la dan en un periódico á cambio de artículos gratis, y que el 15 de cada mes ha volado lo que mi padre me manda para mi manutención, con esas alas de tordo con que el dinero se remonta sin que haya escopeta que lo alcance lEal Basta de lamentaciones inútiles A lo hecho, pecho ÜTo voy á dejar la novia porque s e k h a y a ocurrido pedir el Jueves Santo ¡Digo! Dejarla Cuándo no bay en la Universidad quien no me envidie la posesión del cariño de esa muchacha ¡Cualquier dia, prescindo yo de mi angelillo rubio! Pero ¿Y cómo salgo del aprieto? No hay más remedio que apelar á las grandes resoluciones, hacer un empréstito, buscar dinero aunque sea en el centro de la tierra ¡Eso es! Mas, entonces, ¿por dónde estudio? Pensándolo despacio, maldito si me sirven para nada Ahí están muertos de risa sobre la mesa ¡Bah! No faltará algún compañero que me preste en Mayo sus apuntes En un mes me zampo yo en el cuerpo la asignatura ¡Vaya! Fuera vacilaciones Al librero de viejo III ¿Cuánto? Cinco duros... ¿Cómo? Dos, nada más por una obra que vale nueva doscientos reales ¡Imposible Pues quede usted con Dios A otra parte con la música No he debido de entrar Ya me dijo Luis, que ha vendido aquí sus tomos, que eSte tio es un verdugo Felices tardes... i Ya lo creo que es buen autor! Y de texto. Yeinticinco pesetas ¿Qué? ¿Ocho? ¡Usted no ha pensado sus palabras! Ni que me lo hubieran regalado A mí no me grita usted ¿No le conviene? Se acabó, pero no aguanto frases de doble sentido No he podido contenerme Veamos ese puesto de la esquina... Que no le hace ¡Animal! ¿A que tengo que volver al primero? Sería una plancha, pero tal se va poniendo el negocio ¡Hombre! Yo no conocía esta tienda Probemos fortuna ¿Un peso? No, ¿Para qué añadir más? ¡Salud! ¡Ea! Agachemos las orejas En cuanto me distinga, me suelta el toro Con tal que no se arrepienta ¡Qué sonrisita! ¡Y cómo examina las hojas! Si, señor, sí