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BLANCO Y NEGRO Me ha faltado y la quiero. Si le toca A uu andrajo siquiera, sobre el suelo Donde está derribado, con el puño Fuera capaz de quebrantarle el pecho. La cofradía se acercaba. E l hombre Desató el llanto triste; débil eco De un corazón que se arrepiente y gime Fué su llanto afligido. Conteniendo Los nudosos andrajos, alzar quiso De tierra su figura, y con los dedos A palpar empezó piedras del muro Quizás para orientarse. íln el momento, Cristo bajo la cruz aparecía, Y á B espalda marohiba Cirineo. U Fué el hombre á levantarse, y apoyando Mis manos en sus hombros macilentos, Lo dejé de rodillas, y postróse Ella también al escuchar mi ruego. Yo, detrás de los dos, uní sus manos Y- Ese- -les dije- -os servirá de ejemplo; Hay que llevar entre los dos, unidos, El de la vida abrumador madero; Mirad cual lo soporta Jesucristo. Y al elevar el rostro descompuesto El hombre para ver, un frío horrible Penetró por mi sangre y por mis huesos; Era aquella mujer un lazarillo, Y el hombre ¡oh pena trágica! era ciego. De- haberle maltratado, una infinita Misericordia se elevó en mi pecho, Y besé aquellos ojos, anulados Para mirar la luz del universo. Con una exaltación que era locura Les dejé, sollozando, mi dinero, Y dije al hombre: Al Nazareno imita! Y á la mujer; ¡Contempla á Cirineo! 247 Lacrimosas las luces á mis ojos Se alejaban difusas. Los severos Sacerdotes sus rezos susurrando Como la brisa en el rosal del huerto, Y la unción religiosa, qué impregnaba El cprazón de fe, lanzar me hicieron Fecundo llanto en apretado río Que descargó de nubes mi cerebro. Y dije al alejarme: ¡Si las penas Todas del mundo las cubriera el cielo. Para tanto dolor, que ser tendría Un dosel de piedad el fií- mamento! SALVADOR E Ü E D A LA CUESTIÓN SOCIAL I E l compañero Almendritas se levanta en medio de las aclamaciones entusiásticas de la reunión. P o r fin imponen silencio á lofetás entre sí los mismos concurrentes, Compañeros! -grita el orador con unas inflexiones de voz que parece q u é habla con cornet í n- -e l d í a se a c e r c a y a viene la aurora de la emancipación t o tal de todos y de todo. (B r a v o s p a l m a s pataleo y demás manifestaciones viriles de entusiasmo. -H e m o s vivido engañados durante cuarenta ó cincuenta siglos ¿Quie nsabe cuántos? ¿Quién, si hasta el calendario es obra de burgueses infames? ¿Si hasta en la medida del tiempo se ha empleado el sistema y los relojes de la burguesía? Diez y nueve siglos os dicen, pero no lo creáis; hemos vivido mucho m á s E s o s miserables quieren ocultaros siglos y siglos de servidumbre y de m a r t i r i o ya que no pueden ocultároslos todos. (Delirio filosófico- práctico en los bancos. Se oye alguna voz que d i c e ¡A b a j o los relojes! ¡Muera el verdadero Zaragozano! ¡Mueran los siglos! -L a historia es u n mico (E n t i é n d a s e mito L o s concurrentes, aunque sin entenderlo, g r i t a n ¡M u e r a la historia! -L a historia, que es obra de burgueses y de alg ú n jesuíta como el P Mariana de P i n e d a y el padre Minini- ¡Abajo la Mariana y Manini! ¡Compañeros! un poco de vergüenza, y escuchad. H a c e mucho tiempo que existen los obreros. F u i m o s los fundadores del m u n d o los creadores de todo lo existente, los que servimos siempre de carne de cañón ó de carne de membrillo en los banquetes de los burgueses. (Accesos de hidrofobia. -D e nosotros salió la costilla de que hablan los teólogos, para formar á la mujer; porque A d á n era obrero.