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mtxh k muK mk m Mk La maraña de calles de Sevilla Tiene para mi ser hondo misterio, u n noche de Pasión, en Jueves Santo, La recorría á solas, repitiendo Con memoria mecánica nna estrofa De nn pSeta latino, cuando lejos Dos hileras de hachones inflamadoa Vi que avanzaban con Jesús en medio. Era una lenta y grave cofradía; La procesión medrosa del Silencio. Casi á mis pies, al divisar las luces De los cirios fantásticos, dos cuerpos, Dos montones de andrajos que envolvían A una mujer y á un pálido mancebo, Se maceraban en horrible lucha Enroscados los brazos á los cuellos. Ella mostraba en el marchito rostro Los afeites del vicio, y los bermejos Labios en que el carmín fingió la vida. De flor artificial eran remedo. Como cerco de roble, la forzuda Mano del hombre se aferraba al cuello De la infeliz mujer, y horrorizada Escuchó estas palabras del acento Varonil y terrible: Me has vendido; jDónde has estado? jDe mi amor qué has hecho? Quiso hablar la mujer, pero no pudo; Entonces yo, de mi estupor saliendo, Y sintiendo llegar, ciego de ira, Al brazo nn rayo y á mi boca un trueno, Cogí el cuello del hombre entre mis manos, Y él las suyas soltó blanco de miedo. ¡Quien pega á una mujer es un cobarde! -Dije, y en tierra derribé su cuerpo.