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212 BLANCO Y NBGKO con el Descubrimiento del Niter. Miind- n, el hecho más trasoeudeiital é importante de la historia profana, el mis merecedor de admiración s eneral y de celebración eterna: hecho tan grande, tan prodigioso, tan subUme, que, al realizarse, llevó en si el singular privilegio de ser el primero que pudo ser ensalzado y bendecido por dos mundos. Enlazaijdo uno y ofio hecho, aparecen las admirables é interesantísimas figuras de dps personas que, alejadas por su origen y por su condición y apartadas por los obstáculos, al parecer, insuperables que entre ellas se levantanm é interpusieron, creeriase que jamás habían de encontrarse y de entenderse y que, sin embargo, llegaron á unirse con inquebrantable simpatía y ácomprenderse con perfecto acuerdo, obedeciéndola. los irresistibles impulsos y á los misteriosos designios de la Providencia. Una de aquellas personas era un hombre obscuro, extranjero hijo de un humilde cardador de lana, un pobre navegante y cosmógrafo, viejo, dfe. mis de sesenta años, que iba de nación en nación pordioseando en vano protección y recursos para realizar la mAs estupenda y original empresa: del que unos se burlaban, teniéndole por visionario y llamándole loco pereeguidor de quimeras y de imposibles al que otros reohá, zaban tacliándole de aventurero audaz y que, no o b l a n t e á pesar de tantas contrariedades, de tantas vejaciones y de tantos desengaSoá, juzgándose instrumento elegido por el cielo para cumplir sus designios continuaba su camino paciente y confiado, oponiendo su convicción y s. us razonamientos á las objeciones y á los prejuicios de la ciencia, su tenacidad indomable á los ataques de la ignorancia y los desdenes de la incredulidad, su íe protunda y su resignación cristiana á las inclemencias y á las fatalidades de la suerte. Era la otra una mujer e. x: traordinar ¡a, una reina admirable, dotada de clarísimo entendimiento, de viva imaginación, de carácter impetuoso y tenaz, y de coraíón grande, sensible y generoso que á la vez que sabia desafiar los peligros y sufrir las incomodidades de la guerra, con entereza varonil, para realizar á un tiempo la soñada unidad de la patria y el anhelado triunfo de la religión, supo comprender, por intuición maravillosa, lo que escandalizados negaban, con insolente alarde de infalibilidad, los sabios de su época, tercamente aterrados á la rutina de su cieucia esta áonaria. Isabel la Católica y Cristóbal Colón llegaron á verse, gracias á la amistad y á, la iniciativa del modesto prior de la Kábida, Fr. Juan Pérez de MarcKena, y desde aquel momento la excelsa Reina mostróse propicia á proteger y á auxiliar al pobre navegante, que sigiaió durante largo tiempo á los Keyeí en su campaña contra los moros, en la que- -según refiere Ortiz de Zúñiga en sus Anales de Sevilla- -tomó parte gloriosa dando pruebas de la señalada bravura que acompañaba á su sabiduría y á sus elevadas concepciones Jío obstante aquella favorable predisposición de la ilustre princesa, los sabios y los cortesanos retardaron cnanto les fué posible la realización de sus propósitos, ya apoyándose en el dictamen autorizado de las corporaciones más sabias y respetables contrarias á Colón, ya fundando su oposición en el estado miserable del Tesoro público, que los gastos de la guerra habían dejado, mis que empobrecido, completamente exhausto. Entre los más contrarios á Colón figuraba, con su poderosa autoridad y su natural influencia, el confesor de la Eeina Fr. Feí nando de Talavera, como por extraña coincidencia había sido su más terrible enemigo en la corte de Portugal Pr. Diego Ortiz de Calzadilla, confe or delrey D, Juan! I. Colón, después de veinte años de incesantes luchas y. contrariedades, sintió en su corazón algo que parecía síntoma precursor del desaliento. Decidió, no obstante, hacer una última tentativa y ofrecer su proyecto al Eey de Francia. Una mañana montó en su muía y partió del campamento de Santa Fe. Al saber esta noticia- -dice un historiador- -Luis de Santángel, receptor de rentas eclesiásticas en Aragón, uno de sus partidarios m. 4 s entusiastas, acaso reclutado por el buen P. Marchena, pidió, sin perder tiempo, una audiencia á la Peina Obtúvola, y acompañado por Alonso de Quintaniila, contador mayor de Castilla, el antiguo huésped y amigo de Colón presentóse á la soberana, desplegando elocuencia tan persuasiva y exponiendo argumantos tan polerosi) S, apoyado calurosam- jnte por la Marquesa de Moya, que momentos después salía á todo escape un correo, que alcanzó á Colón cuando estaba ya á diez leguaí de Granada y le condujo á presencia de Isabel, siendo recibido por aquella magnánima se lora con una bondad que le hizo olvidar en un instante todos los dolores del pasado. Kl día 17 í yi Jirii fué el señalado para firmar las capitulaciones acordadas. Todavía en aquellos momentos surgieron contradicciones y reparos, funda los en los gastos que requería la empr. isa y en la pobreza lamentable del Tesoro; pero la Peina, viendo vacilar á su esposo, pronunció aquellas célebres palabras que decidieron, en definitiva, el asunto, y que bastarían por sí solas para inmortalizarla; i o expongáis el Tesoro, de imestrn reino de Aragón; yo tomaré esta empresa á cargo de mi corona de Castilla, y cuando esto no bastare, anuí están mi, alluijas, qi- ie empeñaré para ocurrir á sus gastos. y) ¡Sublime escena, que inspiró felizmente al Sr. Muñoz Degrain para pintar el magnífico cuadro cuya reproducción ilustra esta noticia! ¡Resolución sublime, que sirvió para engrandecer á España sobre todas las naciones, y para hacer inmortal y venerado en todo el mundo el nombre glorioso de iíaiei Zf Católica. fi Las indicadas capitulaciones, que seguidamente fueron firmadas aquel día, y de las que existe testimonio auténtico en el archivo del excelentísimo Sr. Duque de Veragua, ilustre descendiente de Colón, dicen así: CAIPITULACIONES EXTEE LOS SEÑORES R E Y E S CATÓLICOS Y CKISTÓB. L COLON. -Las cosas suplicadas é que vuestras Altezas dan y otorgan á D Cristóbal Colon, en alguna satisfacción de lo que ha de descubrir en las mares Ooeanas, y del viaje que agora, con el aynda. de Dios, ha de hacer por ellas en servicio á vuestras Altezas, son las que siguen: Primeramente: que vuestras Altezas, como Señores que son de las dichas mares Cecean as. fagan desde agora al dicho D. Cristóbal Colon su Almiran 1; e en todas aquellas islas é tieiTas- firmes, que por su mano é industria se descobrieren ó gañeren en las dichas mares Océanas para durante su vida, y después del muerto á sus herederos é sucesores de uno en otro perpetuamente, con todas aquellas preeminencia, s é prer. igativas pertenecientes al tal oficio, é segund que D. Alonso Henriquez, vuestro Almirante mayor de Castilla, é los otros predecesores en el. dicho oficio lo tenían en sus distritos. y Pla ¡oe. á sus Altezas. -JVAn; DE COLOM. oOtrosi: que vuestras Altezas facen al dicho D. Cristób: il Colon su Visorrey y Gobernalor general en tolas las dichas islas é tierras- ñrmcs que, como dicho es, él descobriere ó ganare en las dichas mares: é que para el regimiento de cada una y cualquier dellas faga él elecionde tres. personas para cada oficio: é que vuestras Altezas tojneu y escojan uno, el que más fuere su servicio, é así serán mejor regidas Tas tierras que Nuestro Señor le dejará fallar é ganar á servicio de vuestras Altezas. tiPlace á s is Altezas. JvAN DE (JULOMA. Ítem: que tolas é cualesquier mercadurías, siquier sean perlas, piedras preciosas, oro, plata, especiería, é otras cualésquier cosas émercaderías: de cualquier especie, nombre e manera que sean, que se compraren, trocaren, fallaren, ganaren é hobieren d e n t r o d e los límites del dicho Almirantazgo, quedende agora vuestras Altezas facen merced al dicho D. Cristóbal y quieren que haya y lleve para si la decena parte. de todo ello, quitadas las costas todas que se ficieren en ello. Por manera, que de lo que quedare limpio é libre haya é tome la decena parte pa- ra sí mismo, é faga della á su voluntad, quedando las otras nueve partes para vuestras Altezas. t Place á sus Alte: as. iVA K DE COLOM i. Otr sí: que si á causa de las mercadurías que él traerá de las dichas islas y tierras, que así como dicho es se ganaren é descubrieren, ó de las que en true (ue de aquellas se tomaran acá de otros mercaderes, nasciere pleito alguno en el lugar donde el dicho comercio é trato se terna é fará: que si por la preeminencia de su oficio de Almirante le pertenecerá cognoscer de tal pleito? plega á vuestras Altezas que él ó su Teniente, y no otro Juez, cognosca del tal pleito, é asi lo proveaa dende agora. Plaee á sus Alte as, si i) erteiiesee al dlah oji io de Almirante, según que lo tenia el dicho Almirante D. Alonso Henriquez, y los otros sus antecesores eit sus distritos, y siendo jii, sfo. 3 v íS TIFJ GOIJOMA. ltem: que en todos los navios que se armiren para el dicho trato é navegación, cada y cuando écnantas veces se armaren, que pueda el dicho D. Cristóbal Colon, si quisiere contribuir é pagar la oehena parte de to lo lo que se gastare en el armazón; é que también haya é lleve del provecho la oehena parte de lo que resultare de la tal armada. Xplace á sus AZte í. J CAN DE UOLOM Son otorgados é despachados con las respuestas de vuestras Altezas enfinde cada un capítulo, en la Villa de Sancta Fe déla Vega de Granada, á diez y sieie del mes de Abril del año del Nascim ento de nuestro Salvador Jesucristo de mil é cuatrocientos é noventa y dos años. YO É L KE? -YO LA R E l N A Por mandado del Eey é de la Ee ¡na. JüAN DE CoLOMA. Eegistrada. CALCENA. TELLO TÉLLEZ.