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234 BLANCO Y NEGRO -Voy á saltar á la calle de Segovia en cuanto se descuiden ésos un momento. ¡Qué disparate! No te lo consiento. Ahora mismo te Tienes conmigo y vas á contarme tus cuitas, por si puedo proporcionarte remedio. -i Ah! no, no hay remedio para mí. ¿Qué sabes tú? Vente, vente conmigo, ó te denuncio acusándote de delito de tentativa de suicidio. -Vamos, no te quiero contrariar. Volveré más tarde, cuando releven á esos dos otros guardias menos celosos. -Entraremos en aquel café, tomaremos un refresco Me parece que tú lo necesitas- -En efecto, estoy abrasándome vivo. -El café está solitario; nadie nos oye ni nos interrumpe. Cuéntame, pues, tus penas, desahoga tu pecho -Si, lo necesito; te lo diré todo, todo lo que me ha pasado en seis años que hará que no nos vemos. Sabes mis vicisitudes anteriores, mis pérdidas en la Bolsa, mi ruina por haber garantizado los pagarés de aquel amigo que se fué á Buenos Aires- -Sí, todo eso lo sé. -Tuve que aceptar un destino de seis mil reales para vivir No tenia condiciones administrativas, ni titulo académico, y no pudieron darme cosa mejor. Me conformé con Mi suerte, y vivía tranquilo en casa de doña Petra. ¿Quién es doña Petra? -La más caritativa, gentil y dadivosa de las patronas; una mujer ejemplar por lo benéfica y generosa. Figúrate que los huéspedes solían irse de su casa sin pagar, y en vez de perseguirlos, como otra hubiera hecho, los perdonaba, los compadecía y hasta lloraba su ausencia. ¿Has visto pupilera semejante? En su casa era yo dichoso, te digo que completamente dichoso, y creo firmemente que los mortales que no han sido huéspedes de doña Petra no han conocido la felicidad ¡Ay! ¿por qué me sacaron de aüí? ¿Quién te sacó de allí? -El demonio, es decir, una señora Verás. Y o después de comer, solía salir al balcón; cerca de este balcón había otro de la casa inmediata, una gran casa, y en éste manifestábase una gran señora, muy bien I