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BLANCO Y NEGRO 233 -Vayase lo uno por lo otro. Tú me engafías tal vez: ¿quién sabe si serás hijo de tu padre? En cambio ignoras que eres el número tres de mis maridos, que tengo una niña del primer matrimonio, que quizás mafiana te abandone y vuelva á caparme, que ya te miro con hastio, y que, antes de ser a e i a, quiero ser prófuga. Después de este ligero aparte, pregunta á su esposo: ¿No te ocurre decirme una palabra? Él fluctúa, pero se contiene y suelta aparte esta ligera reflexión hablada: ¡Me desafía! ¿Será cinis io ó candor? ¿Qué la diré? Puede ser que viendo mi frialdad, ella oonñese, si tiene conciencia. ¡Concienoial ¡Con cuánto placer la perdonaríal Cómo estrecharía entre mis brazos á Magdalena, convicta y confesa! Tal vez con más efusión que á Marta. Ella hace que no lo oye, como antes ha hecho él. -No me da lagaña de vivir con él- -dice ella aparte. ¿Hablará? -duda él en alta voz E n el segundo acto aparece un hombre desconocido. Es un sugestionado de un pueblo próximo. Un autómata. El primer marido le envía para que mate á la infame. Y el hombre la mata sin conocerla siquiera. Y es lo que dice el juez en la vista de la causa, que se instruye á la carrera: -Este hombre es irresponsable; es una máquina guiada por el verdadero culpable. E l tercer marido, el hijo del tartamudo de Lepante, tartamudea también, y en un ataque se traga la lengua. Lo mismo que su padre, que murió igualmente. El segando marido llega tarde. En el tercer acto. E n su familia hubo un director de correos, y asi se explica la inoportunidad de la llegada del citado consorte. El drama termina preguntando á un criado el susodicho personaje -IY la señora? -Ha salido- -responde el criado. ¿Para dónde? -Para el cementerio del Padre Ladevese. Quiere decir Lachaisej) porque el autor o? íe la acción en París, fundándose en que allí, como están más adelantadas las gentes, es donde hay más de eso del atavismo y de la herencia y de todo. La forma es digna del fondo: sencilla, pero vulgar. Algunas imágenes, pero retocadas. Pues, según nos aseguró, ya le han pedido el drama para lidiarle. El representante de la Empresa de las Plazas de Toros de SevilUa y de Madrid. Conozco á un profesor dentista belga, descendiente de un ciown que no sabe sacar una muela sin dar el salto mortal de necesidad. Pero lo hace con pulcritud y economía. Asunto para una pantomima del género Ibsen- Parish fashionaWe soirée. EDUARDO DE PALACIO. UN MARIDO MÁRTIR I b a yo por el viaducto y vi u n sujeto arrimado á la bar a n d a como si estuviera honestamente entretenido en la contemplación del panorama que desde aquel punto se descubre. Cerca del snjeto, así como distraídos, pero mirándole de reojo, estaban dos guardias del orden, atentos á la consigna de impedir que desde aquella altura se dirijan á lá eternidad los desesperados. ¡E s t e e s Nicomedes! pensé, y fuime hacia el snjeto, y poniendo la mano sobre su h o m b r o díjele: ¡Ificomedes! ¿Qué haces aquí? Miróme sorprendido y como si n o me conociera. ¿N o eres Nicomedes? -S i es decir, no estoy seguro de ser Nicomedes. Y a no conozco á nadie ni á mí mismo. ¿E s posible? -P e r o á ti s í ahora te reconozco, y me alegro de verte bueno. A d i ó s me voy más allá M e cargan estos guar- dias que n o me quitan ojo. -P e r o ¿qué te pasa? ¿qué intenciones son las tuyas? ¿qué haces aquí con este sol de justicia? ¿qué vas á hacer? y J