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EN CUAR EL POTA IIEstamos en pleí teratura culinaria i minación del potí garbanzos de Fut acelgas y demás hortalizas de las yermas que constituyen ios alrededores de la villa de Madrid. Cada estación, cada solemnidad cada acontecimiento de los que en el almanaque íiguran constantemente, imponen su plato favorito, y los madrileños de pura raza, de los que todavía existen bastantes ejemplares, y tienen á gala haber sido bautizados en la parroquia lleva ou) o nadie unas charillos de la Puerta de te de Vallecas ó las I I n Santo, se imponen gación ineludible de los por la época de la s, de monas de PasI ños días, de sopa de 1 iestas de Navidad, de Eugenio, de chichamatanza, de hojaldres por las fiestas carnavalinas, de gazpacho por los días que siguen al Corpus, y de potaje por los tristones y desanimados de la Cuaresma. El potaje forma parte integrante de la comida de viernes, desustanciada y poco ó nada alimenticia, y primero las dueñas de casa que bailaron cotillones allá por el año 40, y asistieron á las veladas del palacio de Montijo, dejan de adquirir la Bula, que resucitar á d i a r i o desde que el sacerdote las pone la ceniza en la