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I OTA DE COLOR itsült h Chíjeles Tengo sotre la mesa donde concibo Los cuadros que mi pluma describe y traza, En actitud yacente. como una muerta. Una dulce vihuela sugestionada. Cataléptica extraña de la armonía, Obedece al mandato de mis palabras, Y todas las canciones que de ella evoco, De los tristes bordones llorando saca. Cuando de mis novelas y poesías En la labor mi numen débil se arrastra, 1 nvento cualquier canto de los que esconde En los misterios músicos que hay en su caja, Y digo: Sugestiva guitarra mora, Que encierras los brillantes aires de España, Toca aquel paso doble que me seduce, Toca aquella guerrera valiente marcha. Entonces las clavijas crujen y lloran, Ijas cuerdas se estremecen y se atirantan, Y del fondo del alma saca la muerta El primor arabesco de sus sonatas. Ahora, al mediar de un libro, mi débil pluma, Como rueda hasta el cubo, torpe se atasca, Y acudo á la vihuela, que es quien inspira Mi mente, desplegando sus mustias alas, Y digo: Cataléptica guitarra triste. Que encierras los brillantes aires de España, Exhala de tus cuerdas revibradoras El pregón de las flores de nuestra patria. Vedla; ya de sus notas la melodía En vistosos claveles condensa y cuaja, Y encantados los ojos por el hechizo. Aparecer los miran con forma plástica. En gallardo equilibrio sobre las cuerdas Desfilan los de manto de intensa grana, Con diadema bordada por el rocío Sobre el carmín ardiente color de llama. Siguen los amarillos, donde coloca El oro sus matices y notas claras, De ambarinos reflejos iluminando Las pajizas hojuelas pespunteadas.