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BLANCO Y NEGRO 197 ¡Trabajo inútil! La tempestad arreciaba, y la niña, con esa tendencia á lo dificultoso, á lo imposible, que es nota distintiva de su sexo, fija la vista en el globo que volaba en libertad, y rechazando los que tenia al alcance de su mano, gritaba, señalando al suyo, y cada vez con mayor furia: -No, no ¡aquél, aquél! Aquél era ya en el espacio un punto casi imperceptible. Intervino entonces la esposa, y por fin, murmurando al oído de la irritada niña uno de esos secretillos que, como palabras cabalísticas, emplean las madres en casos tales, logró juntar en su carita lágrimas y risas, como juntan los días de otoño en el espacio los rayos del sol y las gotas de lluvia. Encontramos, al volver de nuestro paseo, á una aristocrática dama, famosa en Madrid m ítclib tiempo por sn distinción y su hermosura, y ahora desterrada voluntaria de sus salones, y ésta, cogiendo en brazos á la niña, la acarició y besó largo rato, prodigándola al par elogios y lisonjas: ¡Qué niña más mona! ¡y qué buena! ¡qué bonita! ¡qué amable! Soltóla, por fin, y apenas puso el pie en tierra, corrió la niña al lado de su madre, y cogiéndose a su falda y mirándola entre maliciosa y sonrojada y poniendo en su carita un expresivo gesto de inteligencia, la dijo á media voz, con esa deliciosa charla de los niños, que má s que lenguaje parece gorjeo: ¡Si me hubiera visto cuando se me fué mi globo! Entre los globos de hidrógeno que con sus brillantes colores seducen y atraen á los niños, y esos otros que, rellenos por la vanidad ó hinchados por la ambición, constituyen, bajo formas infinitamente variadas, el. encanto de los hombres, ¡qué escasa diferencia! La imaginación los hace flotar á nuestros ojos, prestándoles brillante colorido, y los ofrece á cada cual bajó la forma que más halagadora resulta para su ilusión ó añade mayor incentivo á su deseo: ¡una conquista atñorosa! ¡un acta de diputado! ¡un vistoso y dorado uniforme! ¡una cartera ministerial! ¡un saco repleto de oro! (en el reino de la fantasía no suben los cambios) ¡un fajo de billetes de Banco! Y si el deseo está satisfecho y la esperanza realizada; si el blanco domina en la existencia, entonces la bondad, ¡qué fácil, y qué espontáneo el buen humor! pero ¡qué erróneo el juicio que formamos ó la opinión que adquirimos! ¡Qué frecuente la confusión de lo blanco y lo negro, de que antes hablé! Por eso, cuando al recorrer este gran escenario de la vida, en que todos somos al par público y actores, encuentro algunos de esos personajes resplandecientes y almidonados, que me saludan con suavidad melosa y me reciben con extremada cordialidad, como si tuvieran mucho que hacerse perdonar; de esos de estucada calva y engomado bigote, que cubren con el blanco botín la lustrosa bota- -desafiando las terribles penas del código anarquista; -que arrastran los pies al andar y silban al hablar las ss finales... Cuando en una casa cualquiera visito á un señor respetable, y le. encuentro con su fisonomía bonachona y su jovial sonrisa, envuelto en galoneado batín, cubierta la frente con aterciopelado gorro, siempre bromista, siempre dicharachero Lejos de creer que los unos sean un compuesto de cosmético y gücerina, siempre suaves, inalterables siempre, ó de ver en el otro personificadas la bondad y la mansedumbre con zapatillas rusas... Eeservo mi juicio, y recordando la escena infantil, que tuvo por teatro la alegre ciudad donostiarra, me pregunto calladamente: ¿Cómo se pondrá éste cuando se le vaya su globo? J. SA- NCHEZ- GUEKRA. ¡OH LA B U E N A EDUCACIÓN! LÍ 9 f V v