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BLANCO Y NEGRO -Mirad- -me dijo, -mirad lo que dicen los periódicos de Madrid contra nuestros defensores, mi compafiero de armas D. Cesáreo Fernández Duro y el oficial de artillería retirado D. Luis Vidart. Me dio varios números de Za Época, El Impareial, La Iberia, El Globo y algunos otros periódicos madrileños, y se despidió de mí precipitadamente. Me senté de nuevo en el banco que había ocupado con el P. Btiil, y me puse á leer aquellos periódicos. Todo lo que decían, como V. se figurará, me pareció mal; pero donde no pude contener mi enojo fué cuando leí en La Época que el Sr. Peña y Goñí me llamaba tm comparsa, im persoTiaje de cuarto orden. Al leer estas calificaciones monté en cólera, y al propio tiempo monté en el caballo Pegaso, que á la sazón andaba pastando en un prado próximo al sitio donde yo me hallaba, y me trasladé al centro del planeta en que V. ahora vive. Allí supe que la estatua de Colón y el Sr. Peña y Goñi iban á tener una entrevista á las altas horas de la noche, como en efecto así sucedió. Asistí á esta entrevista, que se verificó en una de las últimas noches del pasado mes de Diciembre, y cuando terminó, me hice visible, y reté al Sr. Peña y Goñi, que, desenvainando un estoque tan ancho y fuerte como mi espada, aceptó inmediatamente el duelo que yo le proponía. Peleamos largo rato, sin 187 Mejor- Vida he visto que es asunto de todas las eonversacio, nes la campaña iniciada en 1825 por D. Martin Fernández de Navarrete, y que hoy continúa V. el P. Fita, D. Marcos Jiménez de la Espada, D. Justo Zaragoza y nai defensor D. Luis Vidart, ayudados por algunos periodistas, entre los cuales se menciona á Domingo Blanco, Ángel Stor y Francisco de P. Flaquer; campaña en cuyo feliz remate nos interesamos vivamente todos los que hemos sido sacrificados en aras de la apoteosis de Colón por los creadores de la leyenda colombina. Como excepción se cuenta á la infortunada cordobesa D. Beatriz Enrlquez, á quien hice el otro día una visita; la encontré apesadumbrada y llorosa; y preguntándola el motivo de su cuita, exclamó: Ay, Sr. D. Francisco! La fantasía del buen Conde de Eoselly me había hecho mujer legítima de Cristóbal Colón; pero Fernández Duro y otros críticos que siguen sus huellas) A 1 llegar aquí, los sollozos ahogaron sus palabras y cayó en mis brazos desmayada. Cuando volvió en sí, la dije todo que flaquease su esf uerzo niSermío; pero de pronto se presentaron las estatuas de Calderón y D. Alvaro de Bazán y la sombra animada del Marqués de Santa Cruz de Marcenado, que interrumpieron nuestro desafio. Poco después llegó el grupo escultórico que forman la Keina Católica, el cardenal Mendoza y Gonzalo de Córdoba, y ya habrá usted visto en La, Correspondencia del día 2i del mes próximo pasado lo que dijo la Reina Católica para acallar las voces de la maledicencia que contra mi se han levantado. Yo me quedé en Madrid unos cuantos días, y asistí de incógnito á la conferencia que dio V. en el Ateneo, titulada: Amigos y enemigos de Colón. Cuando he vuelto á lo que creí que podría aminorar su pena, y me despedí de ella, sintiendo que la leyenda colombina no sea verdad en lo referente al segundo matrimonio del descubridor del Kuevo Mundo. Ya sabe V. el efecto que producen en los habitantes de Mejor- Vida las conferencias de V. en el Ateneo de Madrid y las de mi defensor D. Luis Vidart, á quien dará las gracias en nombre mío. Habiendo cumplido el objeto que me proponía al escribirle, pone aquí término á esta carta su atento y seguro servidor, que le besa la, mano (según prescribe el Dr. Thebussem) -FEAJÍCISCO DE BOSADILLA. Como la carta que acabo de copiar la he recibido impresa en una hoja volante, no creo cometer un abuso de confianza remitiéndosela al Director del BLANCO T NEGKO por si quisiera publicarla en este acreditado periódico. LTJIS VIDART.