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miso para entrar sPermaneció un momento meditabunda, y luego, sacando una cartita del bolsillo, se puso á leerla con avidez, con sus cinco sentidos Tenia las mejillas muy encendidas y se fe adivinaba una gran emoción Sudaba La concluyó y tornó á empezar Después la escondió de nuevo en su sobre, y quedándose ensimismada, con las manos cruzadas sobre las rodillas, murmuró con un candor supremo: ¡Dios mío! Yo le diría que si, pero ¿y si se entera mi padre? íIndudablemente se trataba de una carta de amor, tal vez la primera. Ya sabes que Luisita es buüioiosa pues parecía una estatua De cuando en cuando rompía su mutismo y exclamaba á borbotones: r ¡Le quiero, le quiero! Había allí, en aquella niña, algo que despertaba Una revelación, de la que sólo éramos testigos el almendro y yo Tú no ignoras que me precio de ser filósofo Las cuatro líneas devoradas por sus ojos castos en nuestro ringoncito, acababan de romper el misterioso capullo de la adolescencia, y surgía de improviso la mujer TTn alma á la que llamaba la juventud, pidiendo perUn corazón al que también le llegaba su 20 de Marzo; que entraba en su primavera III El almendro y la niña continúan gozando de los albores de su primavera Al almendro no hay quien le tosa Se ha crecido de una manera atroz con los besos de la diosa, y vive soñando con las mariposas de Abril, que no dejarán de prendarse de su copa de nieve Ya sé quién es el novio de Luisita El hijo del alcalde, un muchacho que este año irá á Madrid á comenzar la carrera de Medicina La niña no pudo oir impasible sus suspiros, y le dijo que sí. Ella continúa viniendo á leer sus cartas con nosotros sin duda por temor de que la sorprendan en su casa Hay que poner una válvula en ese corazón La juventud necesita un regulador para que no estalle En fin, caro tomillo la primavera se ha traído el equipaje lleno de felicidad ¡Si serán injustos mis recelos! Sin embargo, no me rindo. IV ¿Eh? ¡Si me entrego y hago caso á la primavera No he podido escribirte estos días porque hemos corrido un temporal terrible ¿Te acuerdas del entusiasmo del almendro? Pues á los quince días saltó un tremendo huracán, y cogiéndole la copa se la sacudió hasta dejarle pelado, sin una flor La diosa no se acordó para nada de su árbol Anda enamoricada de sus claveles Pues á Luisita no le ha ido mejor con su estudiante Marchóse, y creo que en seguida se echó otra novia en la corte El 20 de Marzo de su corazón será la fecha de su primer desengaño. ¡Pobrecilla! Anda ten abnegación A mí me llaman servil, rastrero, adulador Gozo de pocas simpatías Me toman como término de comparación para tildar á los egoístas y á los volubles. Me importa un bledo Con este sistema me va muy bien, y mientras la primavera les deja á los demás sin ilusiones, á mí no me falta nunca, como á Diógenes, mi ravo de sol. ALFONSO P É E E Z NIEVA.