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Cáftá áe m G ifá ol Mi compañero se ha levantado hoy desconocido, con todas sus flores abiertas Parecía que acababa de caer sobre su copa una nevada sin viento Pero lo que me ha extrañado mucho ha sido la suprema languidez de sus ramas Tenia ét aire más romántico que nunca ¿Si se irá á casar? pensé yo, sabiendo que está en relaciones con una violeta Sin embargo, no desplegué los pétalos, porque no me gusta metarme en lo que no me importa Sí te declaro que su traje blanco le cae á maravilla, y que con la fama de tierno y delicado que disfruta, me explico que las flores primeras se pirren por él Se me antoja que tal preámbulo ha excitado tu curiosidad, mi querido tomillo, y voy á explicarte la causa del embellecimiento del almendro A media mañana me soleaba yo tranquilamente, cuando oí muy cerca un rumor de alas suaves ¿Moscas ya? No, era una hermosa mujer, desnuda de busto, perdido el cuerpo en una flotante y larguísima túnica, con dos elictros de mariposa que la salían de la espalda Yo no he visto nunca persona tan apuesta Se trataba, sin duda, de alguna diosa Volando, volando, se dirigió á mi camarada, le miró con unos ojos muy dulces y sonriendo, y se puso á besarle las flores una por una A cada beso adquirían las flores una tersura suprema Se convertían en estrellas Como sobradamente te figurarás, mi compañero estaba enajenado El pobre es todo corazón El hada también posó sus labios sobre mí, pero rápidamente, de cumplido Debieron pincharle mis bigotes Excuso añadirte, puesto que no ignoras- mi escepticismo, que la cosa me importa un comino Pero sí rabiaba por saber el nombre de la deidad y en cuanto se marchó se lo pregunté al árbol ¡Tonto de mi! E s claro ¡Si hoy es 20 de Marzo! Era la primavera, que acababa de llegar ¡Buena pieza! ¡Me la sé hace mucho tiempo de memoria! II Chico, hoy es día de grandes novedades Luisita, la hija del granjero, ya la conoces, puesto que lleva todas las tardes á pastar á la dehesa á su borreguillo, vino por aquí hará un par de horas, y se sentó en un pedrusco muy pensativa En verdad te digo que estaba muy mona con su carita de ángel, ceñida de cabellos rubios, y con su rostro adorable, de catorce años, anublado por alguna preocupación Indudablemente buscaba, la soledad...